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Amor sin Libreta
No todas las parejas se desvelan por bendiciones ante el altar, valses nupciales o libretas de casamiento.
A muchas les basta quererse y vivir juntos. Para ellas, ésa es la fórmula del amor.
Hasta que la muerte los separe... o el tiempo los convenza de dar el gran paso.

Por Macarena Langleib. Fotografías: Pablo Rivara.

De película
Gabriel Bossio & María José Garófali. Hay dos hogares en funcionamiento y muchas idas y vueltas, no porque el afecto esté en duda, sino porque el trabajo así lo exige. La cita es en la productora que él fundó en Montevideo, luego de filmar su primer largometraje, Joya, hoy a punto de estrenarse en el circuito comercial. Sin embargo, ambos van y vienen de Buenos Aires continuamente. No es casual que su película gire en torno a una pareja que, debido a aprietos económicos, se va a vivir a Piriápolis. “Trata sobre la convivencia. De alguna manera tiene que ver con nosotros, porque estuvimos viviendo en Chile un año, después dos a pleno en Buenos Aires y hace tres que estamos mitad allá y mitad acá”, admite el director. Las cámaras los unen y separan desde un principio. Mientras Gabriel, que pertenece a la primera generación de egresados de la Escuela de Cine del Uruguay, rodaba su corto de graduación en el hotel Carrasco, ella deambulaba por las locaciones como asistente sin toparse con su futuro amor. Más tarde, contratado zafralmente por una productora, conoció a María José con la mente despejada y pasó lo que debía pasar.
“Fuimos pareja primero y después trabajamos juntos”, cuenta ella. Luego las aguas se dividieron naturalmente.
“Está bueno que nos dediquemos a lo mismo”, reflexiona él, “porque dos por tres tenemos que viajar, o terminamos de filmar a las cinco de la mañana, y eso es difícil de entender si tenés un ritmo de vida estructurado”.
Sobre la tolerancia y la confianza han cimentado la pareja a lo largo de ocho años. ¿Formalizar? “Va a terminar sucediendo”, admiten estos treintañeros, “pero lo venimos pateando”.
Todavía no saben si recorrerán un camino tradicional, pero lo cierto es que las ganas de formar una familia laten en ambos. “Para ahí vamos”, remata María, sin dar fechas.

Con mucho estilo
Pablo Sacco & Flavia Pintos. Cuando ella se presentó al casting para ser la nueva conductora de Estilo no estuvo mal, sino espantosa, según ella misma reconoce. Los nervios le jugaron una mala pasada. Sin embargo, el productor del programa notó en la modelo una frescura para improvisar que valía la pena ser explotada.
Se la cruzó casualmente en un evento, le dijo que le daba una segunda oportunidad, y esa vez fue la vencida. Micrófono en mano, Flavia se transformó en la flamante imagen del ciclo, que llegó a completar ocho temporadas. Incorporaron viajes y reportajes de todo tipo hasta que a fines del verano de 2006, el after hour de una nota pasó a mayores.
Sacco la invitó a cenar, y entre sushi y champagne, jefe y subalterna entraron en confianza. Él, que tiene dos hijos, venía de un divorcio. Ella no tenía compromisos.
De manera que ese mismo invierno estaban instalándose juntos en un barrio privado. Luego de dos años de impasse en lo televisivo, acaban de volver al ruedo con Twister, que va por VTV los viernes de noche, y tienen la firme intención de que este proyecto, en el que la opinión de ella tiene más peso que antes, logre tentar a productores del exterior. Para la boda hay tiempo, considera Flavia a sus 26 años. “Estamos bien así.
No tenemos fecha ni nada por el estilo.
Pero obviamente, en algún momento me querré casar”.
“Ella criará hijos y yo nietos”, bromea él, a sus 42 años. Entre tanto, aunque concubinos y socios, cada uno sigue con asuntos paralelos: ella con comerciales y desfiles; y él, vaya paradoja, registrando casamientos.
De igual a igual
Gaspar Valverde & Karina Vignola. No paran de recibir llamadas por el nacimiento de Luana.
Muy mediáticos, ambos padres acceden con amabilidad a los pedidos, pese al poco sueño y la revolución que sufrió el hogar con la llegada de la primogénita. Gajes de un oficio difícil de separar de su vida privada.
Aunque en distintas etapas, tanto Gaspar como Karina se foguearon al lado de Omar Gutiérrez.
Y nobleza obliga, fue en su programa que presentaron en sociedad a la pequeña. Sin embargo, la rubia atrevida que cubría vestuarios en Fox Sports y el morocho hiperkinético tienen un nuevo proyecto conjunto: Terapia de pareja. Los viejos amigos hace poco más de un año que, como ellos relatan, franquearon la barrera. Karina dice que fue él quien dio el primer paso después de ocho años de complicidad y más de un programa en dupla, incluyendo radio y varios pilotos para televisión. “Lo que nos unió fue el medio”, resume él. Un poco como en la película Cuando Harry conoció a Sally, de tanto compartir confesiones y, sobre todo, un sentido del humor similar, terminaron enamorándose.
“Mi mejor amigo varón era él. Entonces, fue complicado, porque sabíamos mucho del otro”, asegura Karina.
El año pasado los contrataron como jurado del baile del caño en un boliche, lo que los obligó a encontrarse religiosamente los sábados de noche, además de salir al aire con Ojo al piojo.
En setiembre explotó todo y en diciembre comenzaron a buscar familia.
Ahora que en la casa de Malvín ya son tres, suponen que tarde o temprano confirmarán la unión frente a la sociedad.
Dan por descontado que será a su manera, como fue el compromiso que en su momento asumieron, rodeados de velas, en una desértica playa brasileña. ¿Dejarán entrar cámaras?
Siempre fuimos compañeros
Esteban Valenti & Selva Andreoli. La directora de la agencia Perfil se refiere a su “marido” cuando habla del ex asesor presidencial. Aunque nunca la oficializaron, la suya es una unión firme y mayor de edad: llevan 18 años juntos. Pero lo de “marido” es circunstancial. Lo usual es que Selva se dirija a él como “Tano”, mote que es casi un gentilicio, ya que Esteban nació en Palermo, Sicilia.
Ambos militaron en la Juventud Comunista y se fueron del partido cuando lo creyeron adecuado.
Aseguran que las circunstancias terminaron de unirlos en distintos puntos del exilio, donde coincidieron en mítines políticos tanto en Cuba como en Italia. Ella nunca usó alianza, pero carece de prejuicios hacia las uniones civiles.
Cada cual ya tuvo su matrimonio y sus hijos –ella uno, él tres–, aunque hace tiempo que comparten el familión, que a esta altura incluye diez nietos. Las comidas de Esteban, que se jacta de su destreza en esas lides, congregan a la prole, ya sea en el departamento de Pocitos donde aclaran que no entran todos, o en la cabaña de Villa Serrana a la que van en procesión los fines de semana. Carácter no le falta a ninguno, pero él dice que ella, una belleza codiciada entre la muchachada del partido, le cambió la vida.
Si no pasaron a otro estadio es porque así como están no sienten mucha diferencia. “Creo que el rito del matrimonio está asociado a la primera vez”, opina Selva. La excusa de una fiesta es quizás el único factor de duda. Por lo demás, están siempre juntos, trabajan a tres cuadras de distancia y no hay separación de bienes. Ella es la primera lectora de todo cuanto él escribe y enfatizan que la admiración está en la base de su yunta.
¿Alguna diferencia irreconciliable? A la fecha, las mascotas. Selva tenía un pastor boliviano blanco y peludo, pero para compartir morada con Esteban debió elegir. Y perdió el perro, claro.
Paren las rotativas
Hugo Fattoruso & Alejandra Volpi. Salta a la vista la diferencia de edad.
Pero apenas se conocieron, ellos tuvieron el pálpito: más allá de los años, había una conexión evidente entre ambos. Él, músico de trayectoria; ella, como buena periodista, siempre atada a los cierres de edición.
Fue en uno de esos apuros propios de la profesión que el destino los cruzó. Una compañera de Alejandra tenía asignada la nota con Fattoruso, pero tuvo que viajar repentinamente. Y como la revista debía salir según lo pautado, ella llamó al músico y marcó el encuentro. “Para mí” – cuenta hoy Alejandra – “fue lo más parecido al amor a primera vista. Por algún motivo que desconozco, yo iba con el preconcepto de que sería un entrevistado difícil, pero me sorprendió gratamente. Me llamó la atención su sencillez y su forma de ser, tan juvenil y dinámica”.
Desde Japón, donde en estos momentos está de gira, el ex Shakers cuenta que la relación se inició a pocos días de aquella cita profesional, “teléfono va, teléfono viene”. Tenían la excusa perfecta para volver a verse: ella debía devolverle una foto; él la invitó a verlo tocar.
El concierto sufrió un retraso importante, pero lejos de molestarse, artista y cronista aprovecharon el tiempo para seguir encontrando puntos en común. Poco tiempo después, él se mudaba al apartamento de ella. Luego decidieron compartir un sitio más grande. De eso hace ya cuatro años. Casarse nunca estuvo en discusión.
“No es algo necesario hoy en día. Aparte de ser un gasto igualmente innecesario, socialmente no es ni fue nada en la historia de la humanidad”, arriesga el hombre de la pareja. Su media naranja aclara, por las dudas: “ni lo ansío ni lo descarto. Lo importante es el lugar que uno le da al otro en su vida, y para eso no hacen falta papeles”
Mucho más que dos
Pablo Diez & Victoria Barreiro. A la hora de la merienda, el hogar de Pablo yVictoria es el reino de Olivia y Gonzalo. Los chiquitos, de cinco y dos años, reclaman atención entre cocoa y juguetes mientras sus padres posan para la foto. La pareja se conoció a través de un amigo, en un boliche, de forma casual, o quizás fue en una reunión. Ya no lo tienen muy claro. Después él fue al cumpleaños de ella y al otro día la pasó a buscar para almorzar.
Dice que ya la extrañaba. Nunca más se separaron. Sucedió hace una década. Ella se fue quedando y, como recuerda, divertida, “volvía a mi casa a buscar cosas, nada más”. ¿Los amigos? Encantados de haber fungido de involuntarios celestinos.
“Yo nunca tuve eso de casarme, incluso la fiesta y la ceremonia jamás estuvo en mi imaginario.
Encontrar el amor y armar una familia, eso sí, por supuesto”, subraya Victoria.
Por su lado, Pablo, que pasó por el Registro Civil a los 25 y tiene una hija de 18 años fruto de ese matrimonio, asegura que aquello no fue más que un trámite. Para colmo de lo civilizado, los testigos para tramitar el divorcio fueron su actual mujer y la nueva pareja de su ex esposa. Hoy, Pablo y Victoria comparten, además de la vida en común, un interés por la cocina que ella relegó, después de una década como chef full time, por el diseño de animaciones y la docencia. Antes de eso supieron hacer temporada en el Este detrás de las hornallas y hasta abrieron y cerraron un restaurant en Solymar.
Pablo se sigue dedicando a la gastronomía como modo de vida, y su especialidad es la comida mexicana.
Obligados a pensar en una ceremonia propia y singular, rememoran su primer viaje juntos, un inolvidable mes y medio en tierras aztecas que fue su luna de miel sin documentos.
 
     
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