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simple vista, el principal balneario del Río de la Plata tiene
todo para seducir a turistas y potenciales residentes de todas partes
del mundo con una riqueza paisajística inagotable, kilómetros
de playas oceánicas, y los elementos propios de un sueño:
misteriosa geometría, azules purísimos, franjas amarillas
de arena, flores, pájaros, pinos, lagunas, parques y reflejos fascinantes.
Pero, ¿qué posee para no depender exclusivamente del turismo de sol y playa? El intendente de Maldonado Enrique Antía lo resume en tres palabras: "calidad de vida". Y agrega, "paz, tranquilidad y seguridad, tan importantes en el mundo de hoy. Alto nivel en infraestructura edilicia, vial, sanitaria, educativa, de servicios, comunicaciones. Incomparable belleza estética, pureza ambiental, y una distancia óptima respecto a centros tan importantes como Buenos Aires, San Pablo o Montevideo". Se sabe. Este año, la promesa de una gran temporada estival 2002 en el Este duró apenas un suspiro. La afluencia masiva de turistas vecinos que muchos vislumbraron como contrapartida de los atentados del 11 de Setiembre en Estados Unidos, se desmoronó con las medidas económicas propuestas por el gobierno argentino que dieron inesperado rumbo a los dólares que partirían con destino al turismo exterior; y se vino abajo con la renuncia del presidente Fernando De La Rúa, el 21 de Diciembre pasado. Los argentinos faltaron a la cita, pero muchos aun piensan que seguirán llegando el resto del año, esquivando la pelota de la crisis financiera, la inseguridad laboral y el clima de caos general imperante en la Vecina Orilla. Más que impactantes los números parecían prometedores: en Enero, 30 personas visitaron diariamente la Oficina de Migraciones en pleno centro de Maldonado (el triple que el año pasado); el colegio Saint Catherine´s tenía quince nuevos alumnos inscriptos y llevaba realizadas 83 entrevistas (muchas más de las esperadas), el Instituto Uruguayo Argentino -uno de los colegios privados más antiguos del balneario- atendió decenas de padres que manifestaron el propósito firme de radicarse en Punta del Este; treinta y cinco argentinos se inscribieron en la Escuela Técnica de Maldonado, treinta más que el año pasado. Pero las cifras son demasiado tímidas como para ilusionarse con una nueva corriente migratoria o un éxodo de emigrantes de lujo. Para unos, se trata de un simple rumor, para otros es un caso típico de expresión de deseos. Los más optimistas piensan que Punta del Este no tiene otro camino que convertirse en la reina de Sudamérica, la más atractiva localidad del cono Sur, un centro suntuoso del lujo, el placer y, por qué no, de las ciencias y las bellas artes. Lo cierto es que, si bien Punta del Este no alcanza en verano los niveles de convocatoria que conoció antiguamente, la población permanente del balneario creció a ritmo acelerado: en veinte años se multiplicaron por diez los habitantes de los barrios Las Delicias y Pinares que pasaron de 674 en 1975, a casi 7 mil en 1996, según datos de la Intendencia de Maldonado. Extraoficialmente se calcula que sólo en la Península hay diez mil residentes (unos dos mil más que en el último censo en 1996). Aunque no se conoce con exactitud la cifra actual, también aumentó el número de residentes extranjeros que en 1996 llegaba apenas a un dos por ciento. No es de extrañar si se toma en cuenta que el departamento de Maldonado duplicó su población en menos de treinta años con un ritmo de crecimiento del 28,5 por mil anual, bastante por encima del 6,4 por mil anual que marcó Uruguay en igual periodo. |
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