Museos a granel

Una simpática afrodita da la bienvenida a los visitantes del Museo de Historia del Arte que se esconde en el subsuelo de Ejido 1326 y abre sus puertas de martes a domingo, entre las dos y media de la tarde y las ocho de la noche.

Más de un estudiante debería pasar por allí cuando lo asalten las dudas sobre columnas jónicas, dóricas, o corintias, o no le basten las ilustraciones que publican los libros para imaginar cuánto pueden conmover ciertos tesoros artísticos griegos, romanos, egipcios o precolombinos.

Por otra parte, a más de un turista uruguayo le vendría bien desasnarse un poco antes de partir rumbo al Viejo Continente, y echar allí mismo un vistazo a las múltiples reproducciones de obras de arte de la antigüedad clásica. Para unos, para otros, y para quienes no puedan moverse de La Muy Fiel, este pequeño museo instalado frente a la montevideanísima Pasiva es una suerte de sinopsis en yeso del Louvre, el British Museum o la Acrópolis ateniense, donde aquellos tesoros se exhiben, ya se sabe, en todo su esplendor original.

En todo caso, nadie discutirá la originalidad de la reliquia del lugar: la momia de la sacerdotisa egipcia Eso Eris. Aunque los expertos aseguran que la dama en cuestión delata apenas entre 20 y 25 años de edad, lleva más de un siglo en Uruguay. Fue comprada en El Cairo por el ingeniero Luis Viglione, quien la donó al Museo de Historia Natural, desalojado hace poco tiempo del ala oeste del Teatro Solís. Tras la forzada mudanza, desde Agosto de 2000 la gran sacerdotisa espera visitas sin pedir nada a cambio en Ejido y 18, donde se la puede ver junto al ataúd y la mascarilla funeraria que la cubrían originalmente. Además de evocar los Textos de las Pirámides y el templo de Min, dios de la fertilidad, una visita a esta apacible señorita hará las delicias de egiptólogos amateurs, niños, y curiosos en general.
La lista de museos montevideanos gratuitos es harto generosa, y algunos cuentan desde siempre con el favor del gran público. Como el Museo Nacional de Artes Visuales (Julio Herrera y Reissig y Tomás Giribaldi), donde el grueso de las miradas es acaparado por Carlota Ferreira, esa matrona envuelta en flores y brocatos por la que perdieron la cabeza no uno, sino dos Blanes.
El templo artístico del Parque Rodó también es el mejor lugar para deleitarse gratuitamente con los cielos de Pedro Figari, las lunas de José Cúneo, las muchachas de Petrona Viera, los paisajes de Carmelo de Arzadun, los retratos de Carlos Federico Sáez, las siluetas de Rafael Barradas, los delirios de Manuel Espínola Gómez, y los basurales de Clever Lara, amén del mural constructivo de Joaquín Torres García, el jardín pergeñado por Leandro Silva Delgado, y un gran número de obras firmadas por el gotha de la pintura y la escultura nacionales. El museo, diseñado por el argentino Clorindo Testa, está abierto de miércoles a domingo entre las 15 y las 19.

<%certificaPath="/suplementos/paula/"%>