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| El dinero
no hace la felicidad, claro. Pero compra unos cuantos placeres: libros,
discos, televisión por cable, videos, entradas al cine, al teatro,
a un concierto; cenas fuera de casa, o escapadas de fin de semana. A la hora de cerrar el antipático balance que obliga a reducir algunos -cuando no muchos- de esos gastos, será útil tener en cuenta, al menos como consuelo, ciertos placeres gratuitos. Y sacarles partido antes que alguien decida gravarlos por decreto. Uno podría suponer que, temprano por la mañana, el lugar más civilizado para leer la prensa sin desembolsar un centavo ha de ser la Biblioteca Nacional. Pero nada es tan fácil, ni la vida un camino de rosas para los débiles de bolsillo. No señor. Aunque el sacrosanto recinto de 18 de Julio abre sus puertas a las 8 de la mañana, habrá que esperar, a veces hasta las 10, a que los tres ejemplares disponibles de cada diario hayan sido debidamente ingresados y estén disponibles para los usuarios. "El diariero a veces los trae a las nueve" -deja saber en mesa de entrada una simpática empleada de cuyo nombre conviene olvidarse- "otras veces los diarios suben a dirección y demoran un buen rato en bajarlos". |
Los interesados en leer en ámbitos apacibles tampoco deberían ignorar la Biblioteca Artigas Washington de la Alianza Cultural Uruguay-Estados Unidos, en Paraguay y Canelones. Abierto de lunes a viernes entre las nueve de la mañana y las ocho de la noche, el moderno y funcional centro de documentación no cobra un peso por las consultas en sala y sólo exige presentar la cédula de identidad y completar un sencillo formulario de inscripción. Así, los usuarios pueden acceder a una gran variedad de material de ficción y no ficción en rubros varios, siempre de autores estadounidenses, a veces traducidos al castellano, otras en su idioma original. También es el único lugar donde sentarse a leer gratis los semanarios llegados del Norte y, con cierto retraso (a veces hasta de un mes), periódicos como el Wall Street Journal, el Washington Post, y el New York Times. Volviendo a los diarios nacionales, todos ellos están al alcance de quien se tome el trabajo de acercarse hasta la elegante biblioteca del Palacio Legislativo, donde ciertas cosas ruedan bastante mejor que en la Biblioteca Nacional, como bien saben desde hace tiempo los estudiantes más avispados o los investigadores que frecuentan su hemeroteca. Los funcionarios del templo de las leyes juran que los diarios del día están disponibles para el público en general desde la hora de apertura (8.30 de la mañana), hasta la de cierre (12.45), aunque sólo de lunes a viernes. Los periódicos locales también están disponibles para los clientes del Café Bacacay, varias de las sucursales de Mc Donald's o la Gelateria Parmalat de 21 y Berro, por poner sólo tres ejemplos. Claro que allí la gentileza sólo se concretará a cambio de una pequeña consumición, porque ya se sabe que los uruguayos pueden ser gente muy abusadora, dispuesta a acampar en el sitio menos pensado. ¿Alguna duda? En la cantina del Sanatorio Larghero (que ofrece una estupenda vista gratuita sobre la bahía y el centro de la ciudad), se vieron obligados a poner en la pared un cartel que reza: "la cafetería no es sala de espera del CTI". ¿Queda claro? |
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