
Elbaum: lacirujía estetica puede esperar.
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Bozzo: igual de rico, pero más barato.
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Sayago:
menos delivery, más control.
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Ferrés
un master en economía doméstica.
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Etchegaray:
mucho canje, poco costo fijo.
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La fiesta
terminó. Según los economistas, la recesión lleva
más de tres años instalada en Uruguay, y los cocodrilos
asoman hasta en el bolsillo de los más acaudalados. Ellos han
sido los últimos en reparar cuánto habían adelgazado
las vacas, pero son los primeros a la hora de declarar austeridad. Nobleza
obliga.
Obviamente, la suba del precio del boleto no les afecta demasiado, pero
cuando pisan el freno en un semáforo y escuchan por enésima
vez "¿una monedita?", comprenden que la crisis ya no
se ve sólo por televisión. Están indignados con
la suba de impuestos, y hasta pegan calcomanías a favor del recorte
de gastos en el Estado. En sus ollas no falta, por ahora, ni estragón
ni aceto balsámico, aunque la polenta viene ganando terreno sobre
el caviar. No salen en los informativos quejándose porque la
escuela donde van sus hijos se llueve, pero están alarmados con
la matrícula del colegio o la universidad privada, que se fue
a las nubes.
Según estudios de la consultora KPMG, los sectores de mayores
ingresos están comenzando a sufrir la crisis. "Estamos igualando
hacia abajo. La crisis breve pega a los más endebles. En cambio,
cuando persiste, nadie puede estar ajeno. Es por eso que hay que derrumbar
el mito de que la variable dinero no influye en esos estratos",
resume la economista Mercedes Rial antes de agregar: "incluso en
Estados Unidos, donde parecería haberse superado una recesión
en un plazo breve, una gran preocupación de Alan Greenspan, presidente
de la Reserva Federal, reside en el deterioro de la situación
del 20 por ciento de los hogares más ricos a causa del aumento
del peso del endeudamiento, porque estos sectores, además de
consumir, tienen capacidad de ahorro e invierten. Y esto es lo que hace
crecer la economía".
Y en Uruguay, ¿cómo se están ajustando el cinturón
los más privilegiados?
Sin demasiadas vueltas, Alfredo Etchegaray asegura que vive del canje.
Le regalan la ropa, lo invitan a un promedio de cuatro agasajos diarios,
y habita en un apartamento de las Torres Naúticas que, para más
datos, es "gentileza" de una inmobiliaria. A fuerza de favores
"bien ganados" y de una permanencia récord en las altas
esferas de la sociedad, el famoso playboy y party maker local declara
un irrisorio presupuesto mensual de 600 dólares. Creer o reventar.
Etchegaray asegura que se atrasa en el pago de la patente de su 4 X
4 "como cualquier hijo de vecino", y jura que hace tres años
redujo sus costos fijos en un 90 por ciento. "Llegué a tener
diecisiete personas, y actualmente no tengo empleados. Hace dos veranos
que las oficinas que utilizo en Punta del Este son prestadas, y tengo
un solo celular, cuando llegué a tener quince". Hay más:
no tiene televisión por cable. "Mi familia no padece problemas
económicos" -avanza entusiasmado Alfredito- "pero tampoco
gasta. El secreto es no tener costos fijos", resume el empresario,
que ahora prefiere presentarse como periodista y "optimista".
Vergüenza ajena
No hace falta ser Bill Gates para sentir pudor del propio caudal cuando,
alrededor, son muchos los que pasan necesidades. Entre los adinerados,
no sólo hay miedo al fisco, sino también al qué
dirán. "En los hogares más ricos existe una tendencia
a subdeclarar ingresos provenientes de fuentes no salariales y dicho
comportamiento se habría exacerbado a medida que se profundiza
la crisis, debido a la necesidad de parecer menos rico", señala
el informe firmado por KPMG.
"Este es un tiempo en que no hay que tener ningún tipo de
actitud que agreda al otro", asiente por su lado Mecha Gattás.
"Salir con un saco de visón a la calle en un convertible
es como comer chocolate delante de un diabético. Yo tengo un
auto blanco, pequeño".
La inquieta empresaria, escritora y artista plástica, confiesa
haber sentido el golpe de la crisis económica. "No puedo
dramatizar con respecto a lo que le pasa a otra gente, pero siento la
crisis", resume Gattás, que debió abandonar la "compulsión
a la compra", un vicio de antaño para esta VIP que también
dejó en el recuerdo los grandes saraos que organizaba en su casa.
"Ahora es como otro sistema. El otro día vinieron unas amigas,
tomamos un café con masitas y lo pasamos bárbaro".
Claro que siempre quedan otros recursos, como un reciente viaje en solitario
al desierto de Atacama que colaboró "a ver el mundo con
otra óptica". Al regreso, invitada a un cumpleaños
en una embajada, en lugar de llevar el regalito de rigor, Mecha y sus
amigas aportaron sobres con dinero para una obra social. "Creo
que esta crisis, que va a durar un buen tiempo, ha aumentado los lazos
familiares y de amistad. Es brava, pero hay que afrontarla y no ponerse
en negativo. Hay que preguntarse ¿qué puedo hacer?".
Igualmente sosegada, pese a los ajetreos habituales de una mudanza,
está la consultora en comunicación e imagen Verónica
García Mansilla. "Estoy mucho más ordenada en los
gastos. Lo de pasar la ropa de los chicos de uno a otro siempre lo hice",
cuenta esta madre de cuatro, que además se desempeña como
directora de Nueva Comunicación. "No soy consumista per
se. Para mí, busco cosas cancheras de época, porque me
divierte la moda que está volviendo. Además, cuanto más
trabajás, menos tiempo tenés para consumir. Lo que sí
he hecho, es dejar de salir a comer tanto afuera".
También hubo beneficiosos recortes en materia de vacaciones:
fanáticos del ski, ella y su marido -ambos argentinos radicados
en Uruguay- aprovecharon la caída de precios en su país
natal para gastar menos a la hora de tomarse un respiro. "Igualmente
me parece que hay que cuidarse, ser previsor, ver por qué elegís
algo y valorar lo que tenés", concluye García Mansilla,
orgullosa de no haber tenido que recurrir a despidos ni rebajas de sueldo
en su empresa. "Mientras pueda, para mí es muy importante
que la gente esté contenta".
Fernando Parrado no se jacta de lo mismo. Aunque guarda celosamente
todo comentario sobre su vida privada, como empresario lamenta haber
enviado empleados al seguro de desempleo. "Se nota cómo
entra mucha menos gente a los comercios, y se recauda menos". La
caída en la facturación también obligó a
cortar los celulares de los vendedores y reducir los gastos en combustible.
"No escapo a las generales de la ley, aunque supongo que siempre
habrá alguien a quién le va bien", resume el ex rugbier
del Old Christian's Boys.
Sin embargo, las quejas se multiplican aquí y allá. Incluso
en la automotora Hilton, que ofrece autos importados para un sector
del mercado de excelente pasar, la fidelidad de la clientela está
a prueba. Jerónimo Silvariño, uno de los directores de
la empresa, cuenta que en lugar de deportivos y convertibles, los compradores
se vuelcan ahora a autos más discretos. "El segmento alto
de clientes es el que más especula y el que menos expectativas
tiene respecto al desempeño económico del país",
resume Silvariño antes de contar que varios negocios fueron pospuestos
hasta que el Fondo Monetario Internacional confirmó la ampliación
de su crédito a Uruguay.
En tren de incentivar la compra de automóviles, Hilton escoge
semanalmente cinco modelos de su stock y los ofrece con descuentos de
precios que alcanzan el 10 por ciento.
Mis
bienes, mis males
"Hoy, los inversores piden rebaja en las comisiones. Si se trata
de un cliente con varias operaciones o con cierta antigüedad, esto
es una práctica muy frecuente. También lo es que los escribanos
cobren por debajo de sus aranceles", admite Julio Villamide, agente
inmobiliario y director de la revista Propiedades. Según el experto,
los sectores de ingresos altos han diversificado sus ahorros invirtiendo
en propiedades, "considerando que no pueden ser confiscadas".
Para más datos, la colocación del dinero privilegió
los locales comerciales bien ubicados y las viviendas pequeñas
sobre la costa.
Además de los inmuebles, también los bienes muebles se
suman a la danza de la crisis, que obliga a bailar incluso a los más
acomodados. Según el rematador Horacio Castells, no es cierto
que los subastadores hagan su Agosto en momentos como éste. "Así
como hay gente que se tiene que desprender de sus cosas, del otro lado
hay un comprador con poder adquisitivo. En los últimos meses
tuve remates importantes a raíz de sucesiones, y por otro lado,
hay un mercado de arte internacional vigente, ya que Europa no tiene
la crisis que se vive en el Mercosur. Los remates no son un indicador
de cómo está afectado la crisis al sector más pudiente,
porque en general, en este negocio los momentos de auge son mejores
que las crisis, porque la gente no quiere mal vender a bajo precio lo
que tiene".
Los sacudimientos económicos internacionales han afectado hasta
las firmas más prestigiosas. Entre otras vicisitudes, los atentados
del 11 de Setiembre obligaron a un repliegue a la casa de subastas Christie´s,
que en Diciembre cerró varias oficinas en el mundo.
"A pesar de la crisis, lo que más se vende es lo de máxima
calidad", cuenta Cristina Giuria de Berenbau, que aunque ha dado
un giro a su carrera sigue en el rubro del asesoramiento en arte y subastas,
ahora en forma independiente a través del contacto con expertos
de Christie's, Sotheby's y Phillips.
Según ella, por el momento en Uruguay no es tan común
como en Argentina que las personas se decidan a deshacerse de sus objetos
valiosos con premura.
El pintor Fito Sayago vende tan bien sus cuadros a galerías de
Japón y Estados Unidos, que puede decir sin reparos que su cinturón
ha tenido que ajustarse menos que el del resto de la gente. "Renové
contrato por cinco años más y resisto la crisis",
bromea en su casa de Carrasco. "Recortamos gastos que en algún
momento parecían superfluos, pero a los que uno se va acostumbrando,
como los pedidos de comida a domicilio entre semana".
Ese es el ajuste más lamentado por sus cuatro hijos, que extrañan
el delivery diario, pero a diferencia de otros amigos del barrio no
han tenido que abandonar el colegio privado al que asisten actualmente.
"No me endeudo, pago el colegio adelantado y saco partido de ciertos
descuentos", resume el artista plástico antes de contar
que, sí, se tomó el trabajo de convenir mejores precios
con el jardinero y el encargado de limpiar la piscina, y acostumbró
a su esposa y amigos a cenar en restaurants donde la relación
precio-calidad sea conveniente.
También Philippe Pinet, director del club de tennis La Caleta
y creador del Jazz Tour, puso la lupa en las cuentas de su casa. Actividades
extracurriculares como música y karate fueron las primeras en
volar para despejar el presupuesto familiar. "Hasta que se acomode
la cosa" -avanza Pinet- "a mi mujer le pasaron el sueldo a
pesos, así que cobra menos, y yo también renegocio todos
los acuerdos en el club, donde tuve que mandar gente a seguro de paro.
En casa, traté de mentalizarlos a todos como cuando uno tenía
cien pesos a los 15 años: controlamos las salidas".
Los jóvenes de mayor poder adquisitivo están controlando
igualmente otros gastos, como los relacionados con la compra de ropa.
Según Elianne Litwin, dueña del franchising uruguayo de
la boutique argentina Chocolate, la colección de este año
"se redujo" en proporción a la menor producción
y al descenso de las importaciones. Aunque "los precios están
a la mitad o menos que el año pasado", la cautela del público
ha obligado a un pedido de prendas menor al habitual. En la colega Magma,
donde los zapatos italianos arrancan en los 80 dólares y pueden
trepar a los 250, también se nota cierto achique: las clientas
que antes se llevan tres o cuatro pares, ahora salen del local de Antonio
Costa sólo con uno.
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