Cuándo
no, los argentinos fueron los primeros en poner el grito en el cielo:
mientras el dólar trepaba a las nubes y sus ahorros quedaban acorralados,
el sexo se comportaba tan a la baja como el peso local. Una encuesta realizada
del otro lado del Plata -con hombres y mujeres de edades comprendidas
entre los 20 y 38 años- desnudó las alicaídas cifras
del placer.
Según el informe, ampliamente divulgado en la prensa, en el último
año los encuestados pasaron de tener un promedio de tres relaciones
sexuales por semana, a mantener una cada quince días, casi sin
escalas.
Sin ánimo de estimular nuevos contagios regionales, parece evidente
que cuando el cielo está encapotado y la depresión se apodera
de una sociedad, Eros resulta ser una de las principales víctimas,
y la gente tiene menos fuerza para hincarle el diente a la manzana de
la tentación.
Una persona exigida y angustiada por las dificultades económicas
ve afectado su desempeño sexual, y su erotismo declina sensiblemente.
Por extraño que parezca, pérdidas laborales y bolsillos
en aprietos pueden derivar en una disminución de la libido. Aquí,
y en cualquier parte del mundo.
Aunque en Uruguay no existen estadísticas que permitan confirmar
oficialmente la amenaza de un deseo sexual inhibido -DSI, como ya se lo
conoce en la jerga siquiátrica- los especialistas se valen de la
experiencia recogida en sus consultorios para concluir que, efectivamente,
el deseo está en baja entre los uruguayos.
Súbitamente empobrecidos, con el humor a media asta por los aumentos
que se suceden un día sí y otro también, buena parte
de los compatriotas concentra su imaginación en descubrir cómo
llegar a fin de mes y no en posibles aventuras eróticas.
La realidad parece más descarnada que carnal. En el edificio de
la Bolsa de Valores, donde trabaja el corredor Federico Araújo,
no se habla de sexo. "En el ambiente de trabajo hay competencia,
y nadie va a estar confesando sus debilidades.
Ahí somos todos súper duros, súper machos",
cuenta Araújo antes de extenderse en una anécdota que llegó
a sus oídos. "Tengo un amigo que tenía un conocido
que había invertido mucho en el mercado. Su mujer no sabía
que tenía toda la plata colocada. De repente empezaron a caer las
inversiones, a desvalorizarse, y llegó un momento que tenía
que comunicarle a su esposa que de quinientos mil dólares pasaron
a tener doscientos cincuenta mil. Cuando estaba en la cama con su mujer
ya no funcionaba.
Entonces tomó la decisión de contarle el drama económico
y fue como una liberación. Y comieron perdices", ironiza Araújo
y después aclara que por su casa todo anda "espectacular,
como siempre. Cuando llego a casa me olvido de todo".
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¿Sexo
devaluado?
Fueron
los romanos quienes llamaron libido al deseo desordenado.
El término viene del verbo libere, que hace alusión
a gustar intensamente, a gozar. Más cerca en el tiempo,
las teorías de Sigmund Freud, padre del sicoanálisis,
le dieron entidad científica como energía
y fuente de los impulsos vitales ligados a la sexualidad.
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Según
los expertos, tanto los estímulos de placer como la libido pueden
llegar a sucumbir ante situaciones críticas.
"Cuando estamos en crisis, la realidad externa se filtra en la
intimidad y lo económico se cuela en todo, incluso entre las
sábanas. Incertidumbre, estrés, depresión, angustia,
y preocupaciones, determinan un cambio en el ejercicio concreto de las
relaciones sexuales. Cuando la atención se centra en los problemas,
baja la calidad y la frecuencia de los encuentros, se empobrecen las
fantasías sexuales, y hay menos interés en seducir",
no duda en afirmar Rúben Campero, sexólogo, sicólogo,
y conductor del micro radial Historias de Piel.
Su colega Orieta Maestro, que lleva 15 años atendiendo como terapeuta
de parejas, entiende que las preocupaciones atentan contra el deseo
sexual de hombres y mujeres. Desde su punto de vista, los síntomas
de ansiedad son una de las causantes básicas de la disminución
del deseo sexual, junto con la ira, la agresión y la baja autoestima.
"Estas palabras tienen mucho que ver con el sentimiento que parece
definir a los uruguayos y argentinos en momentos como éste. Tanto
hombres como mujeres nos sentimos impotentes.
El vínculo sexual debe estar lleno de confianza, tranquilidad,
juego, expansión, libertad; palabras que están lejos de
los uruguayos en estos días, dentro y fuera de la cama",
resume la especialista.
Sin embargo, la sex symbol local Claudia Fernández no opina lo
mismo. Para la joven actriz, la libido de los uruguayos se mantiene
intacta. "Se estrenaron una cantidad de obras de teatro que tocan
el tema sexual y a todas les va bárbaro. No sé mucho qué
pasa en la calle porque yo vivo de la peluquería al Canal, pero
creo que la gente necesita cosas para distraerse y olvidarse un poco
del momento que estamos viviendo", sostiene la animadora de Dale
con todo, que también formó parte del elenco de la comedia
teatral Swingers y aparece frecuentemente en las páginas de sociales.
En la misma cuerda, el publicista Carlos Páez Rodríguez
opina que los problemas de bolsillo no tienen por qué condicionar
la sexualidad. "Deberíamos desatender un poco el tema económico
y dedicarnos más al sexo. Todos estamos demasiado pendientes
de la crisis, incluso con algunas cuotas de masoquismo. A veces la solución
a tantos problemas puede pasar por ...hacer la plancha", ironiza
el sobreviviente de la Tragedia de los Andes, que no discute su fama
de playboy.
Deseo
a la baja
Hablar
de sexo supone regresar al deseo. Pero el deseo, como explicó
el sicoanalista francés Jacques Lacan, es difícil de atrapar
y de definir. Es una falla, una fractura, un pliegue, una discontinuidad.
"Son tiempos de no deseo", dictamina aquí y ahora la
sicóloga uruguaya Margarita Ripoll. "Falta deseo en el plano
de la sexualidad y la genitalidad, pero también a la hora de
estar en familia, comprometerse, armar una pareja, sentir la alegría,
o compartir con otros", agrega la especialista, que ve a los uruguayos
cada vez más huraños, menos entusiasmados con la vida,
y más reacios al chichoneo.
"La sexualidad de los uruguayos" -tercia Orieta Maestro- "está
devaluada más allá del comportamiento del dólar.
En sociedades como la nuestra se desarrollan muchos de los comportamientos
de las ciudades del Primer Mundo. En la mediana edad, el valor del encuentro
sexual tiende a sustituirse por valores como el éxito económico,
el prestigio social, la imagen y la estética. Son sociedades
que forman individuos para ser admirados públicamente, y la sexualidad
es un hecho privado".
Desde que la crisis afectó seriamente al sistema financiero,
los bancarios están de lo más estresados.
Según el presidente de la Asociación de Empleados Bancarios
del Uruguay, el dirigente sindical Eduardo Lalo Fernández, el
alcoholismo era la enfermedad más alarmante en el gremio. Hoy
es el estrés. "Es gente que tuvo una estabilidad muy buena,
con un nivel salarial superior a la media en Uruguay, que de golpe y
porrazo se queda sin trabajo. Entre los dos mil setecientos trabajadores
y más de setenta mil ahorristas que se vieron afectados hay niveles
de locura", no duda en afirmar Fernández, que recuerda de
inmediato dos casos.
"El primero, de un bancario que había cambiado el auto y
de repente la cuota se le fue al doble. Un día me dice: 'estoy
ahogado, no sé que hacer. Si mi mujer se entera de que estoy
con la soga al cuello me echa de la casa'. Otra vez estaba en Tres Cruces
y la mujer de un bancario que había perdido el trabajo me cuenta
que su esposo estaba horrible. Que todas las noches se sentaba a comer
con ella y sus hijas y lloraba. Así que ella había optado
por sacarlo a caminar. He escuchado a mucha gente hablar de falta de
deseo y apetito sexual", cuenta Fernández.
"La vida urbana se torna cada vez más deserotizada",
advierte por su lado el terapeuta de parejas Arnaldo Gomensoro. A su
entender, el estrés es el anestésico erótico y
sexual por excelencia, al igual que la depresión. "La gente
que está estresada o deprimida, no está para nada",
resume el experto.
La brecha parece insalvable: mientras el amor exige relax y tranquilidad,
la gente vive preocupada, cuidando cada centavo, pendiente de las noticias
y las cotizaciones.
Para el médico siquiatra Andrés Flores Colombino, presidente
de la Federación Latinoamericana de Sexología, los más
perjudicados son "los que están más pendientes de
los informativos, con una actitud obsesiva por tratar de controlar la
situación, con un exceso de responsabilidad, y obligaciones.
Para la actividad sexual se requiere algo de descontrol y abandono".
Al parecer, la coyuntura económica ha jaqueado a las hormonas.
No hay que olvidar que el sistema glandular está íntimamente
relacionado con el sistema nervioso central, por lo cual toda alteración
emocional puede impactar en el eje hipotalámico-hipofisiario,
donde se maneja y regula la producción hormonal.
El sexólogo Gastón Boero lo explica con claridad. "Los
estímulos de placer o eróticos se vinculan con la actividad
cerebral en su conjunto. En el caso de la función sexual, que
es muy selectiva y depende mucho del estado de ánimo, la depresión
inhibe el deseo y por lo tanto contribuye a la disminución de
la actividad sexual".
Sin embargo, no todos reaccionan de la misma manera frente a los aprietos
económicos y el fatalismo generalizado. "También
hay quienes se refugian en la actividad sexual. En ese caso, llama la
atención cómo el sexo se transforma en una actividad gratuita,
gratificante, y en una suerte de evasión que compensa las pérdidas
que generalmente padece la persona que vive la crisis. Por otro lado,
también hay gente que se deprime y se siente culpable hasta de
sentir deseo", señala Flores Colombino.
Todos los especialistas coinciden en que la frecuencia de los encuentros
sexuales tiende a bajar en tiempos de crisis. "Y cuando se incrementa,
puede ser como forma de escape, de negación, o de alivio a lo
que se vive en otros ámbitos", resume Campero.
El poderoso cóctel de la "falta de ganas" incluye otro
ingrediente esencial relacionado con el cambio que se produjo en los
roles de género. Durante buena parte del siglo pasado, el hombre
mandaba y la mujer se limitaba a obedecer. Hasta muy entrado el siglo
XX, la sexualidad masculina se definía como agresiva, codificadora
de las mujeres, dominadora, y opresiva. Más recientemente se
derrumbaron los estereotipos, y el desarrollo de las identidades se
volvió extremadamente confuso, sin modelos, ni posibilidades
de cumplir con los roles tradicionales.
"Ellos llevan la peor parte" -avanza Campero- "el varón
fue educado para ser potente, proveedor, el siempre listo, el infalible.
Frente a una situación de desempleo, o descenso económico
y social, el hombre siente que tocan las bases de su masculinidad. La
mujer en cambio tiene una educación más flexible, porque
su instrucción se centró principalmente en el ámbito
doméstico y de la maternidad".
¿Y cuál es el papel de la mujer por fin dueña de
su sexualidad?
Un estudio realizado en 1999 por la sicóloga y sexóloga
Olga Vázquez para presentar en el Congreso Mundial de Sexología
realizado en Hong Kong reveló que un número cada vez mayor
de mujeres jóvenes admite con naturalidad ser infieles a sus
parejas. "Se constató que la infidelidad femenina ha aumentado
considerablemente entre las generaciones jóvenes. Los años
siguientes los datos se corroboraron en el ámbito clínico",
menciona Vázquez.
La investigación también concluyó que las féminas
modernas buscaban "vértigo" y "nuevos desafíos",
y que la infidelidad generalmente se concretaba en los lugares de estudio
y trabajo. "He comprobado que se comenten más infidelidades
en tiempos de crisis" -anota hoy la experta uruguaya- "en
parte porque los varones están estresados, sumidos en sus problemas
tratando de buscar soluciones. Y lógicamente, eso los lleva a
que tengan comportamientos de poca dedicación a su pareja".
Eso permitiría explicar, entre otros fenómenos, el inusual
tránsito de automóviles que se registra en los estacionamientos
de más de un supermercado de Carrasco, donde las montevideanas
infieles dejan sus coches para desde allí partir en el de su
amante al encuentro clandestino que se celebra en alguno de los moteles
vecinos.
Para Orieta Maestro, los más afectados por el DSI, son los que
ven comprometida su subsistencia o precisan un respaldo monetario para
asegurar su valía personal. "En este último grupo,
por supuesto, los hombres llevan la delantera. Aún hoy es difícil
encontrar un varón que se sienta seguro de sí mismo frente
a una mujer si no tiene dinero para invitarla a salir, o ayudarla a
mantener el hogar", dice la sexóloga.
Según la socióloga Ana María Araújo, especializada
en sicología social en el Instituto de Altos Estudios de Ciencias
Sociales de París, el deseo sexual se expresa siempre dentro
de una cultura y una sociedad determinada, y un golpe en la autoestima
puede llevar al derrumbe progresivo de la libido. "Cuando la sociedad
atraviesa momentos de crisis profunda, una desestructuración,
un cambio de código, evidentemente el deseo del individuo como
sujeto bio-sico-social se encuentra condicionado", dice la experta.
Lejos de todo consultorio ortodoxo, la célebre Naná jura
que nada de esto acontece en sus dominios fernandinos. "Puede que
los hombres no tengan plata, pero nunca falta de deseo. Me percato de
una cosa muy clara: los hombres vienen a reafirmar su condición
machista y a renovarse, a salir de la locura de los bancos. Es mejor
evadirse de esa manera, dentro o fuera de la casa, que matándose.
Me parece más tonificante", arriesga la propietaria del
prostíbulo más mentado del Uruguay.
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Oferta
en alza
Es
imposible cuantificar si los hombres se sienten más
o menos estimulados ante un escote, una minifalda, o una
mirada provocativa. Pero lo cierto es que la oferta de casas
de relax y masajes explícitos que se evidencia en
avisos clasificados o volantes callejeros sigue en alza.
El editor de la revista condicionada Tabú, Daniel
Moreno, asegura que su publicación se vende de la
misma manera que siempre. De hecho, en una veintena de páginas,
decenas de matrimonios se ofrecen para compartir experiencias
con otros, y amigos que quieren conocer otros amigos invitan
a practicar "sexo, sexo, y más sexo".
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Moreno,
que también conduce un programa radial que fomenta el encuentro
de hombres y mujeres "desde la amistad, el amor, la aventura, y
la fantasía", opina que la gente sale menos por una cuestión
económica, pero se contacta más.
"Personalmente, por mi forma de ser, trato de hacerle frente a
la crisis poniéndole más energía, y más
onda. A mí no me ha afectado en el plano sexual", confiesa
el locutor de En la cuerda floja, que sale al aire en Radio Nacional.
Por lo visto, a sus lectores tampoco.
También el importador de Coronet para Uruguay, Medicplast S.A.
se jacta de mantener las cifras habituales y no debió disminuir
sus encargos de preservativos al Exterior a raíz de crisis alguna.
Por su parte, el encargado del sex shop Private, que vende desde "ropa
gótica" hasta películas condicionadas, coincide en
que "la venta de preservativos, lubricantes, y cremas de retardación,
se mantiene más o menos igual. Lo que bajó es la venta
de productos más costosos", asegura el comerciante.
Por el contrario, un empleado del sex shop Vivid -que también
prefiere mantener en reserva su nombre- jura que la clase media alta
recurre cada vez más a toda clase de aditivos y juguetes eróticos.
Bastante más costosos que un preservativo, por cierto.
"En tiempos de crisis aumenta la prostitución clandestina
entre hombres y mujeres", explica el sexólogo Rúben
Campero. "Es más frecuente que un ama de casa sin dinero
para sustentar a su familia elija prostituirse. Lo mismo pasa con los
chicos, eso se ve mucho en la calle".
Un encargado del hotel de alta rotatividad Oriente deja saber que la
afluencia de parejas al establecimiento céntrico ha mermado un
50 por ciento respecto al año pasado: "teníamos clientes
que aparecían dos o tres veces por semana y ahora vienen cada
quince días, o una vez por mes. Se quedan menos tiempo, y no
les importa tanto el confort como que la pieza sea barata".
En la misma cuerda, Bernardo Galli, director del Hotel Bella Vista nota
que "la gente viene menos y más apurada a los muebles. No
sé si es por falta de plata o de deseo. Obviamente, creo que
pasan las dos cosas, pero no hay cómo tener certeza".
El encargado de Private no está de acuerdo. "Lo que ocurre
en Argentina parte de un sistema político corrupto. Nosotros
tenemos muchos políticos corrompidos pero no tenemos a Carlos
Saúl Menem. Existe un gran derroche en los entes del Estado,
pero no tenemos a Domingo Cavallo. Parecido no es lo mismo. Acá
la gente no viene menos, consume menos. Eso es pura y exclusivamente
por el declive económico, pero el sexo no
se devalúa nunca".
¿Doblediscurso?
"En
relación al sexo el uruguayo es muy hipócrita. Miente
mucho, y tiene un doble discurso: uno público y otro privado.
Es políticamente correcto estar de acuerdo con la homosexualidad,
pero si tengo un hijo homosexual lo echo de la casa", ejemplifica
Campero buscando una explicación al divorcio existente entre
la opinión de los especialistas en sexo y la del común
de los mortales.
Tal vez, a buena parte de los hombres les ocurra como a Daniel Javier,
el modelo y ex conductor del programa televisivo El Juego de las Citas,
y no tengan que recurrir a diván alguno. Javier reconoce no ser
ajeno a la crisis, pero asegura que estar bien con su esposa (la modelo
Victoria Zangaro) lo ayuda a sobrellevar los malos momentos.
"La pareja hace más llevadero todo lo demás. En nuestro
caso, la crisis no nos tomó por sorpresa, ni nos agarró
mal, pero estoy convencido que los problemas económicos afectan
la relación. Una persona con estrés no puede estar feliz,
está irritable y un montón de cosas más",
dice Javier, que también es ingeniero agrónomo.
Por su lado, Lilián Abracinskas, integrante de Cotidiano Mujer,
confiesa sentirse "sobresaturada de actividades". "O
no tenés laburo o tenés demasiado, y eso cansa. De todas
maneras, con mi pareja tratamos de generar situaciones placenteras,
de recuperar el tiempo libre y los espacios para no agobiarnos con la
situación", cuenta la periodista y militante feminista,
coordinadora de Mujer y Salud.
"La muchachada está contrariada", opina Carlos Nario,
propietario de la discoteca Midnight. "No es que haya falta de
deseo, pero cuando ganás mil quinientos o dos mil pesos, y tenés
menos de cincuenta en el bolsillo para salir, que es una suma irrisoria,
eso afecta en todo sentido. De eso no se salva nadie".
Hay
que besarse más
"A
no preocuparse tanto", recomienda con la voz de la experiencia
el sexólogo Arnaldo Gomensoro. "Cuando hay problemas sexuales
la gente se inquieta demasiado por lo que le pasa, y no tanto por superarlo.
Cuando uno se preocupa, después se ocupa mal, anda tenso. Y el
sexo y el amor, exigen relax, entrega, tranquilidad".
En la misma línea, Boero sugiere concentrarse en la calidad y
no en la cantidad de encuentros sexuales.
Por su lado, Maestro se da cuenta que a medida que pasan los años,
su propio concepto de relaciones sexuales es cada vez más amplio:
"hoy creo que una mirada puede ser un momento de encuentro fantásticamente
sexual, lleno de amor, pasión, palabras invisibles. En fin, creo
que momentos íntimos de ese tipo sería muy bueno que se
repitieran mucho más a menudo. Varias veces por día".
"Hay que recuperar el erotismo cotidiano", se suma Campero.
"Para los que tienen pareja pasa por los mimos, por decir 'te quiero'.
Para los que están solos, el erotismo no tiene que suceder exclusivamente
por lo genital: se puede expresar en un abrazo, al ser escuchados. Lo
afectivo no debe ser postergado".
"Para llegar a la cama, antes hay que estimular otras áreas
del erotismo", advierte Ripoll. "Hay que libidizarse, fantasear,
jugar, y desacartonarse de todo lo rígido que tiene la vida,
para luego relanzarse a lo nuevo y encontrarse con el otro. No sólo
en una situación orgásmica -que alivia el cuerpo y elimina
la química del estrés- sino también a través
del deseo de estar conectado sin pensar tanto en la genitalidad. La
energía síquica es una sola, y como decía Freud,
el deseo se calma, no se colma. Si tenemos que estar abocados a atender
tantos estímulos, evidentemente no nos queda energía,
o la que nos queda tenemos miedo de gastarla. Pero la fuente de energía
está en uno mismo, hay que encontrarse con ese lugar y ver cómo
relanzarlo, de lo contrario vamos a trabajar siempre en el displacer,
en el impacto de lo que vamos perdiendo".
Más esperanzada aún, la socióloga Ana María
Araújo considera que "el deseo y la comunicación
con el otro es lo que quizás nos va a permitir establecer vínculos
y salir del 'sálvese quién pueda', para apostar a lo colectivo,
al amor como fuerza transformadora, y creadora".
No se puede negar: la cama es el escenario por excelencia del encuentro
sexual, pero también un apacible oasis para la gente que atraviesa
el desierto de la depresión. Puede que estimule el deseo u oficie
de cuna protectora; que sea terreno inmune a los problemas económicos,
o les haga un lugar entre las sábanas para sabotear al sexo.
De todas formas, lo sano parece ser mantener la calma y no caer en la
tontería de vivir el sexo como una obligación, sin otorgarle
su función placentera y reestablecedora del viejo desorden de
los sentidos.
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EL
PRECIO DEL PLACER
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l Preservativo Control: caja de tres, 29 pesos.
* l Consoladores: entre 30 y 150 dólares, dependiendo del
tamaño y el material.
* l Viagra: 4 comprimidos de 100 miligramos cada uno, 767 pesos.
* l Una hora en el hotel de alta rotatividad El Edén:
habitación común 195 pesos, suite de lujo 310.
* l Alquiler de película porno: 25 pesos por 24 horas.
* l Lencería erótica: conjunto de tanga de encaje,
lycra o cuero, y soutien abierto o con copa, 22 dólares.
* l Venta de películas XXX en DVD: 504 pesos.
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