REALIDADES 2002 EN URUGUAY
Aunque los uruguayos siguen siendo reacios a desnudar su comportamiento sexual, los expertos aseguran que el deseo se ha visto menguado al influjo de la crIsis económica. ¿Está el país al borde del default sexual?
Por Silvana Silveira.
FotografÍas: Marcelo Campi.
MODELOS: JorgeE Dávila y Laura Vazquez, para Valentino Booking.

Cuándo no, los argentinos fueron los primeros en poner el grito en el cielo: mientras el dólar trepaba a las nubes y sus ahorros quedaban acorralados, el sexo se comportaba tan a la baja como el peso local. Una encuesta realizada del otro lado del Plata -con hombres y mujeres de edades comprendidas entre los 20 y 38 años- desnudó las alicaídas cifras del placer.

Según el informe, ampliamente divulgado en la prensa, en el último año los encuestados pasaron de tener un promedio de tres relaciones sexuales por semana, a mantener una cada quince días, casi sin escalas.

Sin ánimo de estimular nuevos contagios regionales, parece evidente que cuando el cielo está encapotado y la depresión se apodera de una sociedad, Eros resulta ser una de las principales víctimas, y la gente tiene menos fuerza para hincarle el diente a la manzana de la tentación.

Una persona exigida y angustiada por las dificultades económicas ve afectado su desempeño sexual, y su erotismo declina sensiblemente. Por extraño que parezca, pérdidas laborales y bolsillos en aprietos pueden derivar en una disminución de la libido. Aquí, y en cualquier parte del mundo.

Aunque en Uruguay no existen estadísticas que permitan confirmar oficialmente la amenaza de un deseo sexual inhibido -DSI, como ya se lo conoce en la jerga siquiátrica- los especialistas se valen de la experiencia recogida en sus consultorios para concluir que, efectivamente, el deseo está en baja entre los uruguayos.

Súbitamente empobrecidos, con el humor a media asta por los aumentos que se suceden un día sí y otro también, buena parte de los compatriotas concentra su imaginación en descubrir cómo llegar a fin de mes y no en posibles aventuras eróticas.

La realidad parece más descarnada que carnal. En el edificio de la Bolsa de Valores, donde trabaja el corredor Federico Araújo, no se habla de sexo. "En el ambiente de trabajo hay competencia, y nadie va a estar confesando sus debilidades.

Ahí somos todos súper duros, súper machos", cuenta Araújo antes de extenderse en una anécdota que llegó a sus oídos. "Tengo un amigo que tenía un conocido que había invertido mucho en el mercado. Su mujer no sabía que tenía toda la plata colocada. De repente empezaron a caer las inversiones, a desvalorizarse, y llegó un momento que tenía que comunicarle a su esposa que de quinientos mil dólares pasaron a tener doscientos cincuenta mil. Cuando estaba en la cama con su mujer ya no funcionaba.

Entonces tomó la decisión de contarle el drama económico y fue como una liberación. Y comieron perdices", ironiza Araújo y después aclara que por su casa todo anda "espectacular, como siempre. Cuando llego a casa me olvido de todo".

¿Sexo devaluado?

Fueron los romanos quienes llamaron libido al deseo desordenado. El término viene del verbo libere, que hace alusión a gustar intensamente, a gozar. Más cerca en el tiempo, las teorías de Sigmund Freud, padre del sicoanálisis, le dieron entidad científica como energía y fuente de los impulsos vitales ligados a la sexualidad.

Según los expertos, tanto los estímulos de placer como la libido pueden llegar a sucumbir ante situaciones críticas.

"Cuando estamos en crisis, la realidad externa se filtra en la intimidad y lo económico se cuela en todo, incluso entre las sábanas. Incertidumbre, estrés, depresión, angustia, y preocupaciones, determinan un cambio en el ejercicio concreto de las relaciones sexuales. Cuando la atención se centra en los problemas, baja la calidad y la frecuencia de los encuentros, se empobrecen las fantasías sexuales, y hay menos interés en seducir", no duda en afirmar Rúben Campero, sexólogo, sicólogo, y conductor del micro radial Historias de Piel.

Su colega Orieta Maestro, que lleva 15 años atendiendo como terapeuta de parejas, entiende que las preocupaciones atentan contra el deseo sexual de hombres y mujeres. Desde su punto de vista, los síntomas de ansiedad son una de las causantes básicas de la disminución del deseo sexual, junto con la ira, la agresión y la baja autoestima. "Estas palabras tienen mucho que ver con el sentimiento que parece definir a los uruguayos y argentinos en momentos como éste. Tanto hombres como mujeres nos sentimos impotentes.

El vínculo sexual debe estar lleno de confianza, tranquilidad, juego, expansión, libertad; palabras que están lejos de los uruguayos en estos días, dentro y fuera de la cama", resume la especialista.

Sin embargo, la sex symbol local Claudia Fernández no opina lo mismo. Para la joven actriz, la libido de los uruguayos se mantiene intacta. "Se estrenaron una cantidad de obras de teatro que tocan el tema sexual y a todas les va bárbaro. No sé mucho qué pasa en la calle porque yo vivo de la peluquería al Canal, pero creo que la gente necesita cosas para distraerse y olvidarse un poco del momento que estamos viviendo", sostiene la animadora de Dale con todo, que también formó parte del elenco de la comedia teatral Swingers y aparece frecuentemente en las páginas de sociales.

En la misma cuerda, el publicista Carlos Páez Rodríguez opina que los problemas de bolsillo no tienen por qué condicionar la sexualidad. "Deberíamos desatender un poco el tema económico y dedicarnos más al sexo. Todos estamos demasiado pendientes de la crisis, incluso con algunas cuotas de masoquismo. A veces la solución a tantos problemas puede pasar por ...hacer la plancha", ironiza el sobreviviente de la Tragedia de los Andes, que no discute su fama de playboy.

Deseo a la baja

Hablar de sexo supone regresar al deseo. Pero el deseo, como explicó el sicoanalista francés Jacques Lacan, es difícil de atrapar y de definir. Es una falla, una fractura, un pliegue, una discontinuidad. "Son tiempos de no deseo", dictamina aquí y ahora la sicóloga uruguaya Margarita Ripoll. "Falta deseo en el plano de la sexualidad y la genitalidad, pero también a la hora de estar en familia, comprometerse, armar una pareja, sentir la alegría, o compartir con otros", agrega la especialista, que ve a los uruguayos cada vez más huraños, menos entusiasmados con la vida, y más reacios al chichoneo.

"La sexualidad de los uruguayos" -tercia Orieta Maestro- "está devaluada más allá del comportamiento del dólar. En sociedades como la nuestra se desarrollan muchos de los comportamientos de las ciudades del Primer Mundo. En la mediana edad, el valor del encuentro sexual tiende a sustituirse por valores como el éxito económico, el prestigio social, la imagen y la estética. Son sociedades que forman individuos para ser admirados públicamente, y la sexualidad es un hecho privado".
Desde que la crisis afectó seriamente al sistema financiero, los bancarios están de lo más estresados.

Según el presidente de la Asociación de Empleados Bancarios del Uruguay, el dirigente sindical Eduardo Lalo Fernández, el alcoholismo era la enfermedad más alarmante en el gremio. Hoy es el estrés. "Es gente que tuvo una estabilidad muy buena, con un nivel salarial superior a la media en Uruguay, que de golpe y porrazo se queda sin trabajo. Entre los dos mil setecientos trabajadores y más de setenta mil ahorristas que se vieron afectados hay niveles de locura", no duda en afirmar Fernández, que recuerda de inmediato dos casos.

"El primero, de un bancario que había cambiado el auto y de repente la cuota se le fue al doble. Un día me dice: 'estoy ahogado, no sé que hacer. Si mi mujer se entera de que estoy con la soga al cuello me echa de la casa'. Otra vez estaba en Tres Cruces y la mujer de un bancario que había perdido el trabajo me cuenta que su esposo estaba horrible. Que todas las noches se sentaba a comer con ella y sus hijas y lloraba. Así que ella había optado por sacarlo a caminar. He escuchado a mucha gente hablar de falta de deseo y apetito sexual", cuenta Fernández.

"La vida urbana se torna cada vez más deserotizada", advierte por su lado el terapeuta de parejas Arnaldo Gomensoro. A su entender, el estrés es el anestésico erótico y sexual por excelencia, al igual que la depresión. "La gente que está estresada o deprimida, no está para nada", resume el experto.

La brecha parece insalvable: mientras el amor exige relax y tranquilidad, la gente vive preocupada, cuidando cada centavo, pendiente de las noticias y las cotizaciones.

Para el médico siquiatra Andrés Flores Colombino, presidente de la Federación Latinoamericana de Sexología, los más perjudicados son "los que están más pendientes de los informativos, con una actitud obsesiva por tratar de controlar la situación, con un exceso de responsabilidad, y obligaciones. Para la actividad sexual se requiere algo de descontrol y abandono".

Al parecer, la coyuntura económica ha jaqueado a las hormonas. No hay que olvidar que el sistema glandular está íntimamente relacionado con el sistema nervioso central, por lo cual toda alteración emocional puede impactar en el eje hipotalámico-hipofisiario, donde se maneja y regula la producción hormonal.

El sexólogo Gastón Boero lo explica con claridad. "Los estímulos de placer o eróticos se vinculan con la actividad cerebral en su conjunto. En el caso de la función sexual, que es muy selectiva y depende mucho del estado de ánimo, la depresión inhibe el deseo y por lo tanto contribuye a la disminución de la actividad sexual".

Sin embargo, no todos reaccionan de la misma manera frente a los aprietos económicos y el fatalismo generalizado. "También hay quienes se refugian en la actividad sexual. En ese caso, llama la atención cómo el sexo se transforma en una actividad gratuita, gratificante, y en una suerte de evasión que compensa las pérdidas que generalmente padece la persona que vive la crisis. Por otro lado, también hay gente que se deprime y se siente culpable hasta de sentir deseo", señala Flores Colombino.

Todos los especialistas coinciden en que la frecuencia de los encuentros sexuales tiende a bajar en tiempos de crisis. "Y cuando se incrementa, puede ser como forma de escape, de negación, o de alivio a lo que se vive en otros ámbitos", resume Campero.

El poderoso cóctel de la "falta de ganas" incluye otro ingrediente esencial relacionado con el cambio que se produjo en los roles de género. Durante buena parte del siglo pasado, el hombre mandaba y la mujer se limitaba a obedecer. Hasta muy entrado el siglo XX, la sexualidad masculina se definía como agresiva, codificadora de las mujeres, dominadora, y opresiva. Más recientemente se derrumbaron los estereotipos, y el desarrollo de las identidades se volvió extremadamente confuso, sin modelos, ni posibilidades de cumplir con los roles tradicionales.

"Ellos llevan la peor parte" -avanza Campero- "el varón fue educado para ser potente, proveedor, el siempre listo, el infalible. Frente a una situación de desempleo, o descenso económico y social, el hombre siente que tocan las bases de su masculinidad. La mujer en cambio tiene una educación más flexible, porque su instrucción se centró principalmente en el ámbito doméstico y de la maternidad".

¿Y cuál es el papel de la mujer por fin dueña de su sexualidad?
Un estudio realizado en 1999 por la sicóloga y sexóloga Olga Vázquez para presentar en el Congreso Mundial de Sexología realizado en Hong Kong reveló que un número cada vez mayor de mujeres jóvenes admite con naturalidad ser infieles a sus parejas. "Se constató que la infidelidad femenina ha aumentado considerablemente entre las generaciones jóvenes. Los años siguientes los datos se corroboraron en el ámbito clínico", menciona Vázquez.

La investigación también concluyó que las féminas modernas buscaban "vértigo" y "nuevos desafíos", y que la infidelidad generalmente se concretaba en los lugares de estudio y trabajo. "He comprobado que se comenten más infidelidades en tiempos de crisis" -anota hoy la experta uruguaya- "en parte porque los varones están estresados, sumidos en sus problemas tratando de buscar soluciones. Y lógicamente, eso los lleva a que tengan comportamientos de poca dedicación a su pareja".

Eso permitiría explicar, entre otros fenómenos, el inusual tránsito de automóviles que se registra en los estacionamientos de más de un supermercado de Carrasco, donde las montevideanas infieles dejan sus coches para desde allí partir en el de su amante al encuentro clandestino que se celebra en alguno de los moteles vecinos.

Para Orieta Maestro, los más afectados por el DSI, son los que ven comprometida su subsistencia o precisan un respaldo monetario para asegurar su valía personal. "En este último grupo, por supuesto, los hombres llevan la delantera. Aún hoy es difícil encontrar un varón que se sienta seguro de sí mismo frente a una mujer si no tiene dinero para invitarla a salir, o ayudarla a mantener el hogar", dice la sexóloga.

Según la socióloga Ana María Araújo, especializada en sicología social en el Instituto de Altos Estudios de Ciencias Sociales de París, el deseo sexual se expresa siempre dentro de una cultura y una sociedad determinada, y un golpe en la autoestima puede llevar al derrumbe progresivo de la libido. "Cuando la sociedad atraviesa momentos de crisis profunda, una desestructuración, un cambio de código, evidentemente el deseo del individuo como sujeto bio-sico-social se encuentra condicionado", dice la experta.

Lejos de todo consultorio ortodoxo, la célebre Naná jura que nada de esto acontece en sus dominios fernandinos. "Puede que los hombres no tengan plata, pero nunca falta de deseo. Me percato de una cosa muy clara: los hombres vienen a reafirmar su condición machista y a renovarse, a salir de la locura de los bancos. Es mejor evadirse de esa manera, dentro o fuera de la casa, que matándose. Me parece más tonificante", arriesga la propietaria del prostíbulo más mentado del Uruguay.

Oferta en alza

Es imposible cuantificar si los hombres se sienten más o menos estimulados ante un escote, una minifalda, o una mirada provocativa. Pero lo cierto es que la oferta de casas de relax y masajes explícitos que se evidencia en avisos clasificados o volantes callejeros sigue en alza.
El editor de la revista condicionada Tabú, Daniel Moreno, asegura que su publicación se vende de la misma manera que siempre. De hecho, en una veintena de páginas, decenas de matrimonios se ofrecen para compartir experiencias con otros, y amigos que quieren conocer otros amigos invitan a practicar "sexo, sexo, y más sexo".

Moreno, que también conduce un programa radial que fomenta el encuentro de hombres y mujeres "desde la amistad, el amor, la aventura, y la fantasía", opina que la gente sale menos por una cuestión económica, pero se contacta más.

"Personalmente, por mi forma de ser, trato de hacerle frente a la crisis poniéndole más energía, y más onda. A mí no me ha afectado en el plano sexual", confiesa el locutor de En la cuerda floja, que sale al aire en Radio Nacional. Por lo visto, a sus lectores tampoco.
También el importador de Coronet para Uruguay, Medicplast S.A. se jacta de mantener las cifras habituales y no debió disminuir sus encargos de preservativos al Exterior a raíz de crisis alguna. Por su parte, el encargado del sex shop Private, que vende desde "ropa gótica" hasta películas condicionadas, coincide en que "la venta de preservativos, lubricantes, y cremas de retardación, se mantiene más o menos igual. Lo que bajó es la venta de productos más costosos", asegura el comerciante.

Por el contrario, un empleado del sex shop Vivid -que también prefiere mantener en reserva su nombre- jura que la clase media alta recurre cada vez más a toda clase de aditivos y juguetes eróticos. Bastante más costosos que un preservativo, por cierto.

"En tiempos de crisis aumenta la prostitución clandestina entre hombres y mujeres", explica el sexólogo Rúben Campero. "Es más frecuente que un ama de casa sin dinero para sustentar a su familia elija prostituirse. Lo mismo pasa con los chicos, eso se ve mucho en la calle".

Un encargado del hotel de alta rotatividad Oriente deja saber que la afluencia de parejas al establecimiento céntrico ha mermado un 50 por ciento respecto al año pasado: "teníamos clientes que aparecían dos o tres veces por semana y ahora vienen cada quince días, o una vez por mes. Se quedan menos tiempo, y no les importa tanto el confort como que la pieza sea barata".

En la misma cuerda, Bernardo Galli, director del Hotel Bella Vista nota que "la gente viene menos y más apurada a los muebles. No sé si es por falta de plata o de deseo. Obviamente, creo que pasan las dos cosas, pero no hay cómo tener certeza".

El encargado de Private no está de acuerdo. "Lo que ocurre en Argentina parte de un sistema político corrupto. Nosotros tenemos muchos políticos corrompidos pero no tenemos a Carlos Saúl Menem. Existe un gran derroche en los entes del Estado, pero no tenemos a Domingo Cavallo. Parecido no es lo mismo. Acá la gente no viene menos, consume menos. Eso es pura y exclusivamente por el declive económico, pero el sexo no
se devalúa nunca".

¿Doblediscurso?

"En relación al sexo el uruguayo es muy hipócrita. Miente mucho, y tiene un doble discurso: uno público y otro privado. Es políticamente correcto estar de acuerdo con la homosexualidad, pero si tengo un hijo homosexual lo echo de la casa", ejemplifica Campero buscando una explicación al divorcio existente entre la opinión de los especialistas en sexo y la del común de los mortales.

Tal vez, a buena parte de los hombres les ocurra como a Daniel Javier, el modelo y ex conductor del programa televisivo El Juego de las Citas, y no tengan que recurrir a diván alguno. Javier reconoce no ser ajeno a la crisis, pero asegura que estar bien con su esposa (la modelo Victoria Zangaro) lo ayuda a sobrellevar los malos momentos.

"La pareja hace más llevadero todo lo demás. En nuestro caso, la crisis no nos tomó por sorpresa, ni nos agarró mal, pero estoy convencido que los problemas económicos afectan la relación. Una persona con estrés no puede estar feliz, está irritable y un montón de cosas más", dice Javier, que también es ingeniero agrónomo.

Por su lado, Lilián Abracinskas, integrante de Cotidiano Mujer, confiesa sentirse "sobresaturada de actividades". "O no tenés laburo o tenés demasiado, y eso cansa. De todas maneras, con mi pareja tratamos de generar situaciones placenteras, de recuperar el tiempo libre y los espacios para no agobiarnos con la situación", cuenta la periodista y militante feminista, coordinadora de Mujer y Salud.

"La muchachada está contrariada", opina Carlos Nario, propietario de la discoteca Midnight. "No es que haya falta de deseo, pero cuando ganás mil quinientos o dos mil pesos, y tenés menos de cincuenta en el bolsillo para salir, que es una suma irrisoria, eso afecta en todo sentido. De eso no se salva nadie".

Hay que besarse más

"A no preocuparse tanto", recomienda con la voz de la experiencia el sexólogo Arnaldo Gomensoro. "Cuando hay problemas sexuales la gente se inquieta demasiado por lo que le pasa, y no tanto por superarlo. Cuando uno se preocupa, después se ocupa mal, anda tenso. Y el sexo y el amor, exigen relax, entrega, tranquilidad".
En la misma línea, Boero sugiere concentrarse en la calidad y no en la cantidad de encuentros sexuales.
Por su lado, Maestro se da cuenta que a medida que pasan los años, su propio concepto de relaciones sexuales es cada vez más amplio: "hoy creo que una mirada puede ser un momento de encuentro fantásticamente sexual, lleno de amor, pasión, palabras invisibles. En fin, creo que momentos íntimos de ese tipo sería muy bueno que se repitieran mucho más a menudo. Varias veces por día".
"Hay que recuperar el erotismo cotidiano", se suma Campero. "Para los que tienen pareja pasa por los mimos, por decir 'te quiero'. Para los que están solos, el erotismo no tiene que suceder exclusivamente por lo genital: se puede expresar en un abrazo, al ser escuchados. Lo afectivo no debe ser postergado".
"Para llegar a la cama, antes hay que estimular otras áreas del erotismo", advierte Ripoll. "Hay que libidizarse, fantasear, jugar, y desacartonarse de todo lo rígido que tiene la vida, para luego relanzarse a lo nuevo y encontrarse con el otro. No sólo en una situación orgásmica -que alivia el cuerpo y elimina la química del estrés- sino también a través del deseo de estar conectado sin pensar tanto en la genitalidad. La energía síquica es una sola, y como decía Freud, el deseo se calma, no se colma. Si tenemos que estar abocados a atender tantos estímulos, evidentemente no nos queda energía, o la que nos queda tenemos miedo de gastarla. Pero la fuente de energía está en uno mismo, hay que encontrarse con ese lugar y ver cómo relanzarlo, de lo contrario vamos a trabajar siempre en el displacer, en el impacto de lo que vamos perdiendo".
Más esperanzada aún, la socióloga Ana María Araújo considera que "el deseo y la comunicación con el otro es lo que quizás nos va a permitir establecer vínculos y salir del 'sálvese quién pueda', para apostar a lo colectivo, al amor como fuerza transformadora, y creadora".
No se puede negar: la cama es el escenario por excelencia del encuentro sexual, pero también un apacible oasis para la gente que atraviesa el desierto de la depresión. Puede que estimule el deseo u oficie de cuna protectora; que sea terreno inmune a los problemas económicos, o les haga un lugar entre las sábanas para sabotear al sexo. De todas formas, lo sano parece ser mantener la calma y no caer en la tontería de vivir el sexo como una obligación, sin otorgarle su función placentera y reestablecedora del viejo desorden de los sentidos.

EL PRECIO DEL PLACER

* l Preservativo Control: caja de tres, 29 pesos.

* l Consoladores: entre 30 y 150 dólares, dependiendo del tamaño y el material.

* l Viagra: 4 comprimidos de 100 miligramos cada uno, 767 pesos.

* l Una hora en el hotel de alta rotatividad El Edén:
habitación común 195 pesos, suite de lujo 310.

* l Alquiler de película porno: 25 pesos por 24 horas.

* l Lencería erótica: conjunto de tanga de encaje, lycra o cuero, y soutien abierto o con copa, 22 dólares.

* l Venta de películas XXX en DVD: 504 pesos.


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