![]() |
|
| Nadie sabe
a ciencia cierta dónde comienza esta historia, pero el catedrático
en sicología social Antonio Pérez García no tiene
problemas en arrojar la primera piedra: "estadísticamente
hablando, el aumento de solos y solas es un fenómeno normal en
sociedades posmodernas". En aval de esa afirmación, un estudio realizado por la consultora Teresa Herrera y Asociados en base al último censo uruguayo (1996) revela un aumento en el número de divorcios y separaciones, combinadas con una menor cantidad de matrimonios. Junto a la oferta cada vez más generosa y sofisticada de lugares de encuentro (que incluye un aluvión de pubs, reductos exclusivos para solos y solas, y sitios web para encuentros virtuales a través de Internet), parece crecer una profunda incapacidad de hombres y mujeres para comunicarse entre si. ¿Qué está pasando? Según sociólogos, sicólogos y otros expertos en estos asuntos, el corrosivo cóctel de la incomunicación incluye desde una prudente paranoia hasta fatiga, miedo, falta de dinero, deseo sexual en baja, y buenas dosis de desorientación ante la tendencia en alza a borrar las diferencias que clásicamente se asignaban a los dos sexos. "Atravesamos un proceso de transición cultural turbulento, donde el desarrollo de las identidades se vuelve extremadamente confuso. Las generaciones jóvenes son las más afectadas porque se enfrentan a un mundo donde no hay modelos, ni posibilidades de cumplir con los modelos tradicionales", resume Pérez García. Para empezar, conviene echar por tierra falsos mitos. Para desgracia de más de un machista desinformado, en Uruguay no se cuentan siete mujeres por cada hombre, como suele repetirse dos por tres. "Eso sería en Paraguay durante la Guerra de la Triple Alianza", desmiente la socióloga Teresa Montero. Muy por el contrario, los porcentajes de género son equivalentes hasta los 29 años, y la diferencia empieza a ser significativa recién después de los 60, debido a la mayor longevidad de la mujer. El total actualizado es de alrededor de 1 millón 632 mil Evas, contra 1 millón 533 mil Adanes uruguayos. Otra de las teorías más difundidas es que mientras ellas están más salidoras que nunca, ellos se muestran cada vez más retraídos. En lugares de moda como Cabildo Open Bar o W. Lounge, el 60 por ciento de la clientela fiel está compuesto por mujeres. "Entre semana voy al cine con amigas, después vamos a tomar algo por ahí y a comentar la película. Más sobre el fin de semana me reúno con compañeros del taller en el Bacacay o en La Ronda. Si hay un buen espectáculo voy a Pachamama", ejemplifica la escultora Paula Galíndez, reciente ganadora del premio que entrega anualmente la Fundación Batuz. En los años '70 y '80 era impensable ir a bailar a una discoteca sin pareja. A lugares como Ton Ton, New York, Lancelot o Zum Zum sólo se entraba de a dos, de modo que nadie "planchara" a la hora de la música lenta. Así las cosas, ellos se rebanaban los sesos pensando cuál era el momento más apropiado para concretar la cita: llamar el lunes sonaba demasiado apresurado, pero si tomaban coraje recién el viernes, otro galán podía ganarles de mano y dejarlos fuera del baile. Mientras tanto, ellas pasaban pendientes del timbre del teléfono. "La noche empezó a cambiar a mediados de los ochenta, cuando las tradicionales boites se transformaron en boliches. Entonces mujeres y hombres empezaron a salir solos", rememora Josacho Sasson, alma mater de la desaparecida Graffiti y dueño de una larga trayectoria noctámbula que suma antros de moda como Kul Cat, Zoo, Ciudad Boliche y W. Lounge. Quince años después y mucha agua bajo el puente, la escena es más o menos la siguiente: frases hechas y aburridas como "¿te conozco de algún lado?", no van más. Las mujeres sencillamente las odian. "Tampoco funciona el approach irrespetuoso, la fanfarronería, la exhibición de poderío económico o de virilidad exagerada", asegura la abogada y escritora feminista Fanny Puyeski, autora del legendario Manual para Divorciadas. Romeos y Don Juanes parecen estar en vías de extinción. En cambio, abundan solitarios, hombres libres que huyen al compromiso, solteros que peinan canas y como salta a la vista, grandes mesas de mujeres solas. Ellos perdieron una serie de privilegios que la cultura machista les otorgaba por el simple hecho de ser hombres. Ahora se acodan en la barra, conversan con amigos, saborean un whisky, miran a distancia y se toman su tiempo antes de pasar a la acción. "Los hombres miden muy bien el aceite antes de encender los motores", arriesga el periodista deportivo Alberto Kesman, conocido no sólo por sus dotes comunicacionales en los medios, sino también en la noche montevideana. Ellas se emanciparon del sistema de citas previas con caballeros, ingresaron a lugares antes vedados a las polleras, y hacen cosas que ni soñaron sus abuelas. Sin embargo, cuando suena la música bailan solas, como si soledad e incomunicación fueran el precio de la libertad conquistada. Los varones opinan que las mujeres forman círculos impenetrables y, en honor a la verdad, hay que ser bastante corajudo para irrumpir en escena y cortar la conversación en una mesa de cinco mujeres. "Ya superado el primer momento se quejan de que las mujeres de alrededor de cuarenta tienen muchos rollos en la cabeza y están demasiado descreídas", dice la sexóloga Orieta Maestro, que lleva quince años atendiendo como terapeuta de parejas. Ellas se preguntan dónde están ellos, y tienen la sensación que los hombres "no encaran", y se comportan como eternos adolescentes. Para complicar un poco más las cosas, desde que las lolitas se lanzaron a la vida social, las que pasaron los 40 se quejan de haber sido desplazadas al banco de suplentes. "El problema es la transitoriedad con que se encaran los vínculos. Se busca el encuentro y la satisfacción inmediata, alejando la posibilidad de una pareja", añade la sexóloga Margarita Ripoll, directora de la Clínica Sico-sexológica Boero-Ripoll. Según Leonardo Medina, barman de la cava de Cabildo, las tres de la mañana es una hora clave. "A esa altura de la noche tengo que aprontar las lapiceras porque empieza el intercambio telefónico". El cortocircuito es evidente teniendo en cuenta que "los encuentros se suelen dar camino al baño", observa por su lado Gustavo Brignani, director artístico del boliche de la Ciudad Vieja. Paradojas de la modernidad: desde que la comunicación ingresó al reino de lo virtual, resulta más fácil enviar un e-mail a otro continente, beso virtual incluido, que conquistar a la vecinita de al lado. "Podemos llegar a explayamos más chateando que personalmente", afirma la periodista Graciela Bacino, encargada de relaciones públicas de Canal 10.
Los unos y las otras Por qué hay tantos corazones solitarios es una pregunta que el sicólogo Luis Somma no puede responder fácilmente. "En primer lugar, soledad es una palabra muy amplia. Habría que estar en contacto con cada sujeto porque las respuestas generales no sirven", dice con sentido común el miembro fundador y docente de la Asociación Uruguaya de Psicoanálisis de las Configuraciones Vinculares. Seguramente, no todos los solos de este mundo estarán de acuerdo con que "vivir sola es como estar en una fiesta donde nadie te hace caso", como alguna vez dijo Marilyn Monroe, que bien sabido es, no se llevaba demasiado bien con la soledad. También existen solos y solas que la pasan bomba, como las chicas de Sexo en la ciudad, la popular serie televisiva que cuenta las andanzas de un grupo de amigotas neoyorkinas. Sin embargo, se puede diferenciar un mayor o menor grado de patología o de sufrimiento de la soledad. "Hay una soledad muy sana, producto de la capacidad de estar solo, de disfrutar la soledad. Esa capacidad es resultado de la intervincularidad: porque puedo estar con el otro es que puedo estar solo. Es una soledad interiormente muy rica. Claro que también existe un tipo de soledad traumática y patológica que implica no poder estar con el otro, autoexcluirse de algo que es tremendamente necesario para mi sostén síquico. En un grado más agudo puede llevar incluso a no encontrar razón para vivir", resume Somma. Para este sicólogo, la búsqueda del otro es esencial al ser humano. "El otro forma parte de nuestra constitución sicológica. Venimos al mundo por voluntad y decisión de otro. Nacemos y crecemos porque otro nos dio la vida, y nos la mantuvo. Todo ese momento de fusión -sin el cual morimos biológica y síquicamente- da cuenta que el otro es imprescindible. Al madurar nos separamos de esa fusión, pero la marca del otro sigue en lo interno como condición indispensable de vida. Es fácil decirlo, el asunto es cómo lo vivimos". ¿Por qué si el otro es tan importante hay tantos solos y solas? "Podría suponer que se prefiere la soledad a renunciar a ciertas posturas egoístas y narcisistas, porque relacionarse con el otro implica todo un trabajo sicológico, de conocimiento y reconocimiento, donde se gana y se pierde", agrega el experto. Hay muchos solos y solas que juran querer conocer a alguien pero no hacen otra cosa que pasar horas y horas jugando bridge, golf, o aniquilando marcianitos en la computadora. "Los círculos sólo de mujeres o hombres son círculos de defensa. Sobre todo las mujeres acostumbran a reunirse con sus pares para no enfrentar el tema del deseo de relacionarse. No siempre ese deseo es aceptado por ellas mismas y menos aún se puede comunicar a la gente, y aún menos se puede llevar a la acción. La acción de ir al encuentro todavía está socialmente sancionada. La mujer de mediana edad tiene mucho reparo en ir al encuentro. De ahí que en un círculo cerrado no enfrenta ese deseo, no lo manifiesta. Y si lo hace, no toma la acción consecuente. En el fondo, lo que impide la acción es un temor a ser rechazado por el individuo en sí, o por la sociedad", opina Maestro. La empresaria Graciela Abó, que se reúne todas las semanas con sus amigas a tomar el té y jugar a las cartas se permite disentir. "Hace ocho años, antes de enviudar, ya tenía este espacio de reunión con amigas. Ahora lo mantengo pero no para encerrarme en una cascarita. Salgo con amigas al cine, o a cenar, pero también participo en reuniones mixtas", dice la relacionista pública. "También hay mujeres casadas que abandonan casa, esposo y nenes para salir solas al menos una vez a la semana". Los que están más solos son los hombres, asegura Puyeski. "Si bien a la mujer inicialmente le cuesta tomar la decisión de estar sola, una vez que lo hace, aprende a disfrutar esa soledad, y lo que antes podía ser una carga se transforma en libertad, en disfrute de los propios gustos, redescubrimiento, desarrollo espiritual y económico. Y una vez que viven eso, no quieren volver a vivir con una pareja en la misma casa. Ellos son más dependientes, no saben vivir en soledad", asegura la conocida abogada.
Las cosas del querer Desde que la plaza y la feria barrial dejaron de ser instancias de encuentro "hay que enfrentarse a la necesidad de querer compañía de una forma más consciente y ejercer sobre ese deseo una acción más concreta. De nada sirve pensar que todo va a ser espontáneo cuando no existen situaciones incorporadas naturalmente que habiliten el encuentro", analiza Maestro. Ya sea en un single bar, un chat o en un boliche de onda, conversar con alguien es el modo más directo de espantar el fantasma número uno de las sociedades posmodernas: la soledad. Los empresarios olfatearon el fenómeno y dieron al mercado una serie de respuestas variopintas. Aprovechando que hoy la mujer adulta tiene la posibilidad de ir a tomar una copa sola sin que la miren mal, el dueño del Hotel Oceanía, Everly Rodríguez, reedita en Morena del Mar el éxito de sus célebres Noches de Solos y Solas. "El ciclo se mantuvo durante dos años y fue tal el boom que quedaba gente afuera", apunta este conocedor de la noche montevideana. Ponerse un cartel que diga "estoy en banda", no le parece una buena idea a Carlos Páez. Para él, ir a lugares para solos y solas "es un bajón". "Las instancias para conocer a alguien se presentan a diario. No es necesario ir a ningún sitio en particular", asegura el sobreviviente de la tragedia de los Andes, que ahora trabaja como publicista. También Bacino se resiste a frecuentar lugares para solteros. "Lo respeto porque muchas mujeres recurren a ello, pero para mí no hay un lugar ideal donde encontrar pareja. Prefiero creer en el destino", dice la periodista. A primera vista, la parrillada La Vaca parece un lugar más apropiado para entregarse a los placeres de la carne que para encontrar a la media naranja. Sin embargo, su dueña se percató de la cantidad de mujeres solas e instauró un apropiado descuento a los almuerzos femeninos. "Vienen a almorzar, pero también a divertirse, o hacer negocios", cuenta Carmen Bereterbide, propietaria del restaurant. Las propuestas se completan con programas de radio y televisión para solos y solas, lugares para propiciar el encuentro, agencias de viaje que organizan paseos para personas libres, agencias de matrimonio que se encargan de juntar príncipes azules con doncellas disponibles, y una infinidad de líneas telefónicas que prometen poner al teléfono al hombre o la mujer ideal, a 14 pesos más IVA el minuto. Pero la mayoría de solos y solas no quieren saber nada con todo eso. "Lo importante no es dónde se relaciona la gente, sino la forma en que lo hacen, y en esto las mujeres estamos más exigentes", concluye Puyeski.
La crisis en la cama Tal como afirma el historiador José Pedro Barrán en su libro Amor y Transgresión, a comienzos del siglo pasado (mientras la poetisa Delmira Agustini soñaba con sentarse sola en un café) los intelectuales montevideanos hicieron un duro cuestionamiento a la moral puritana que imperaba en la época en pro de la liberación del placer y de la mujer. "Lo cierto es que la emancipación de la mujer de sus roles y placeres admitidos fue uno de los hechos que debatió la sociedad uruguaya ya en la década de 1910-20", escribe Barrán. Al parecer, cien años de historia no alcanzaron para eliminar los rasgos más fuertes de una sociedad conservadora y patriarcal. Muchas mujeres continúan relacionándose con los hombres de la misma manera que lo hicieron en el pasado: "dejándose seducir, siendo pasivas, y siempre a la espera de la acción masculina", señala la sexóloga Maestro. En la vereda de enfrente, Raúl Fernández, propietario de W. Lounge, opina que "la mujer domina en la noche, marca tendencias y sabe lo que quiere. Si a la mujer le gusta alguien, va y encara". ¿Y cómo se relacionan ellos y ellas en tiempos de crisis? "Obviamente es mucho más económico encontrarse por ahí que pasarla a buscar, invitarla al cine, a cenar, y luego pagar una entrada a una disco y tomar unos tragos", ironiza su colega Josacho Sasson. Pero los efectos van más allá del bolsillo. La pérdida del deseo y una disminución en la frecuencia de encuentros marcan el pulso de los vínculos sexuales actuales. "En tiempos de crisis, la líbido se gasta en la supervivencia. Multiempleo y desempleo atentan contra los vínculos amorosos. Son tiempos de desencuentro en la alcoba", apunta la sexóloga Ripoll. Según los especialistas, la inhibición del deseo es la consecuencia más directa e inmediata del estrés agudo, una situación que se reaviva en momentos de crisis, donde la gente está preocupada por lo que va a pasar. En tiempos difíciles, se produce una disfunción generalizada del deseo, que da paso a sentimientos de afecto y compañerismo. También en estos casos, parece ser que ellos se llevan la peor parte.
Sentar cabeza Hay quienes le echan las culpas a las transformaciones producidas en las relaciones humanas al desarrollo del capitalismo industrial, que terminarían de erosionar el papel de la familia como unidad básica de la sociedad, debido a las nuevas modalidades de trabajo. "Hoy el sesenta por ciento de la población femenina en edad económicamente activa trabaja fuera del hogar. Hay más mujeres que deciden sobre sus destinos que en la época de mi abuela", resume la socióloga Montero. Como contrapartida del avance en el plano profesional y social, "la mujer está tan ocupada que cuando tiene un momento de ocio, seguro que sus fuerzas ya están agotadas y elegirá quedarse en casa a leer un libro", agrega Bacino. En la medida que la mujer se asoma a otras posibilidades aparecen tensiones entre el mantenimiento de los nuevos roles y las viejas estructuras. Aunque por un lado todo es más flexible, por otro el orden establecido parece atentar contra aquellos decididos a sentar cabeza. "La flexibilidad tiene que ver con la posibilidad de acceder a diferentes modelos y fuentes de información, no necesariamente con los grados de seguridad con los que la gente se mueve en esos campos. En general, la inseguridad dificulta el establecimiento de relaciones personales profundas y los encuentros estables. En cambio facilita las relaciones superficiales", señala Pérez García. ¿Qué tan bueno es este cambio en los paradigmas? "Buenísimo. Vivimos en una sociedad mucho más abierta que antes, donde hombres y mujeres se pueden relacionar libremente y no necesariamente tenés que buscar una pareja femenina o masculina para salir una noche. Podés salir sola, con amigas, con amigos, con tu novio, o con tu amante. Con quien quieras", resume sin pelos en la lengua el animado Sasson. Menos optimista, Bacino considera que "el bombardeo de la estupidez, de la cultura fashion, el vacío de valores, han puesto al hombre y la mujer en el difícil trance de abandonar sus emociones". ¿El fin de la historia? Ni sicólogos, sociólogos o sexólogos tienen la bola de cristal. Es posible que la comunicación no esté en crisis, y sólo esté cambiando de tema. Por otra parte habría que pensar si encontrar "al otro" fue en alguna época una tarea sencilla. No queda otra salida que adaptarse a los tiempos que corren. Mientras tanto, lo mejor será desarrollar un espíritu aventurero, pues en esta vida nada sucede como se desea, como debía suceder, ni como estaba previsto. ¿O no? |
|
Copyright
© Revista Paula diario El Pais. Todos los derechos reservados
Optimizado para una resolución de monitor de 800X600 |