|
|
|
|
| El
impacto de los procesos industriales de los dos últimos siglos
ha generado todo tipo de problemas en el medio ambiente y la salud de
las personas. Esto ha llevado a la búsqueda de alternativas en
muchos campos de la actividad humana, y la arquitectura no es una excepción.
Como suele suceder, algunas respuestas surgen de la simple observación
de culturas milenarias cuyas técnicas de construcción con
materiales naturales atraen a muchos profesionales contemporáneos. Tal el caso del arquitecto alemán Gernot Minke, que visitó Uruguay para interiorizarse en las técnicas locales de edificación con barro bajo la tutela de la arquitecta uruguaya Kareen Herzfeld, seguidora de su obra y responsable de varias viviendas que se pliegan a la tendencia ecológica tan en boga en estos días. Catedrático y responsable del Instituto de Investigación de Construcciones Experimentales de la Universidad de Kassek, en Alemania, Minke impulsa las construcciones ecológicas y de bajo costo, y en los últimos 28 años ha diseñado edificaciones particulares y públicas cuyo material predominante es el barro. Sus obras, que se distinguen principalmente por los techos de césped, se encuentran no sólo en Europa, sino también en América del Sur, América Central e India. Si a alguien le viene a la cabeza la historia de los chanchitos cuyas casas fueron derribadas por el lobo, mejor que descarte los temores y prejuicios, porque las construcciones de barro han demostrado ser tan firmes y duraderas como la roca. En los climas secos que preponderan en países como Egipto, existen estructuras de tierra que cuentan con más de 3 mil 200 años de antigüedad, y en Yemen del Sur, sobrevive intacta la primera ciudad de rascacacielos de mil 400 años, edificada sobre altas laderas de montañas. Las zonas húmedas del Planeta también han visto crecer estas construcciones. Alcanza con una buena base de piedra, ladrillo cocido u hormigón, que funciona como aislamiento para la lluvia, y un buen alero que resguarde las paredes, para asegurar una larga vida a este tipo de viviendas que, asimismo, prescinden de vigas de hierro. Gran ventaja para las áreas costeras expuestas al salitre del aire, que termina corroyendo los metales y provocando el desmoronamiento de la edificación. El agua de la lluvia no es problema para el barro cuando se lo aplica apisonado. "Incluso se pueden añadir diferentes materiales como por ejemplo aceite de linasa o cal y casina en una lechada en la pintura, e incluso materiales plásticos", explica Minke. "También se le puede proteger por afuera con madera y obtener así otro tipo de terminación exterior", acota su colega Herzfeld. "Yo uso mucho la madera sobre todo en los pisos altos, y en las plantas bajas dejo los aleros y la tierra a la vista porque queda más lindo estéticamente". Del barro venimos . Material barato si los hay, el barro sólo cuesta el trabajo de extraerlo y armar los adobes o los tapiales (tierra apisonada) que conforman los muros. El adobe es el ladrillo crudo de tierra que puede hacerse en forma casera usando un simple molde metálico, o hechos en fábricas hasta con perforaciones especiales que favorecen la acústica, como los que usa Minke en sus originales casas. Incluso la unión entre los ladrillos es natural ya que quedan absolutamente firmes con una simple mezcla de arena y arcilla. Existe una amplia variedad de adobes que se conciben según las características del ambiente en el que está ubicada la casa. Así por ejemplo, para mejorar su propiedad térmica, pueden contener minerales como la piedra pome o la arcilla expandida (esta última no existe aún en Uruguay) o materiales naturales como la paja. "La campaña uruguaya conoce desde siempre la fajina (un entramado de ramas con barro) y el terrón, que es el pan de tierra con pasto que se coloca uno arriba del otro para formar muros de unos cincuenta centímetros de grosor", explica la arquitecta Herzfeld. En las coquetas casas de barro que ella y otros arquitectos levantan actualmente en varios puntos del país, la madera, la paja, y las tacuaras aparecen como elementos comunes. "Por ejemplo, para los entrepisos usamos las cañas y la madera a la vista sobre las que ponemos el barro arriba. Los techos pueden ser de quincha. Empleamos inclusive viruta de madera para los reboques. La madera funciona muy bien con el barro porque mantiene las mismas propiedades de humedad y no es atacada ni por los hongos ni por los insectos", explica la arquitecta. Como las paredes de ladrillo de adobe no son mucho más gruesas que las de concreto, se pueden levantar edificios de barro de hasta nueve pisos en climas secos, y dos en húmedos como el uruguayo. "Una dimensión nada despreciable" -acota Minke- "sobre todo cuando por ejemplo en Alemania el costo del adobe es un 40 por ciento inferior que los tradicionales ladrillos cocidos tan comunes en las casas". En Uruguay, donde Herszfeld viene trabajando con barro hace ya seis años, el metro cuadrado de construcción en este material cuesta 400 dólares (incluida la mano de obra, materiales, honorarios, y cargas sociales), frente a los 700 que se necesitan para la misma medida con las técnicas tradicionales. Además, un ladrillo crudo absorbe treinta veces más la humedad que un ladrillo cocido. Por tanto, adiós a los problemas de hongos, los zapatos verdes, y la ropa ardida en los placares. Los adobes mantienen una humedad interior de entre el 45 y el 60 por ciento, que es la variación ideal para la vida humana. "El baño de barro de mi casa es mucho más higiénico que uno recubierto de azulejos" -cuenta el arquitecto alemán para sorpresa de muchos- "el barro absorbe toda humedad del ambiente que supere el 50 por ciento, por tanto en el momento de tomar una ducha, mi baño nunca supera el 70 por ciento de humedad. Por eso no pueden crecer hongos, que necesitan más de un 90 por ciento, marca que se alcanza en minutos en ambiente con azulejos", explica. Y su colega uruguaya acota: "un ejemplo típico es que cuando uno se baña, el espejo queda empañado enseguida. En una casa de barro a los tres minutos se desempaña totalmente". La última técnica que Minke viene aplicando en Alemania consiste en mangas elásticas de algodón que se rellenan con tierra mezclada y arcilla expandida. Con un poco de masaje la arcilla sale de las mangas en paquetes rollizos que se pegan unos con otros y conforman a la vista formas caprichosas. Inclusive el dueño de casa puede convertirse en su propio arquitecto con esta técnica tan fácil.
El barro no resulta ajeno en ese país donde las tradicionales casas con estructuras de madera a la vista fueron originariamente construídas con ese material, y en otros europeos como Francia, donde aún se encuentran casas de tierra de 300 años de antigüedad, perfectamente habitables. Como variantes, en Alemania se hacen casas con sistemas tradicionales de hormigón o ladrillo y se las reboca con una mezcla de tierra con papel picado u otros materiales, aplicados con mangueras de alta presión sobre las paredes. Además de los beneficios sobre la humedad, las ventajas térmicas son notables. Pero la más original contribución al acondicionamiento térmico la constituyen los techos verdes que Minke utiliza como sello en las obras de su autoría. Se trata de una densa capa de césped y tierra contenida por una membrana impermeable, que actúa como un colchón regulador de la temperatura interna de la vivienda. "Esos techos duran más de cien años, no hay ningún problema con la vegetación ni la tierra", aclara el arquitecto antes de agregar "la idea es que estas casas estén más integradas a la naturaleza. Al ponerle el techo verde se recupera de alguna manera ese espacio natural que ocupa la casa. En el complejo habitacional donde yo vivo, después de una lluvia fuerte casi no hay agua que se deslice por los techos, así que no hay problemas con inundaciones en las calles ni los desagues". En esa línea de armonía con la naturaleza Minke aplica a las habitaciones de las casas que construye formas octogonales rematadas en bóvedas. "Lo hago porque genera una sensación muy diferente del espacio. En un ambiente rectangular los movimientos están limitados siempre en una dirección, pero una forma octogonal es más cómoda. Los techos de cúpula, por su parte, generan una sensación más agradable en el interior, se vive en un clima de relax". Las cúpulas culminan con una entrada de luz que inunda los ambientes de manera homogénea. Cada cuarto posee por tanto una fuente de luz cenital pero también una ventana horizontal que habilita un contacto visual con la naturaleza del entorno.
El cotidiano contacto con los espacios verdes y las costas en un país escasamente poblado, puede ser uno de los factores que explique el lento despertar de los uruguayos hacia el cuidado de la naturaleza. Sin embargo, la conciencia ecológica parece ganar adeptos, aunque aún se está lejos de los niveles registrados en países como Alemania, donde por ejemplo hay un uso extendido de la energía solar o la purificación del agua de lluvia. "De todas maneras aquí cada vez más gente me consulta", dice Herzfeld, quien ya ha realizado unas cinco casas de barro y materiales naturales y se encuentra ahora abocada en un proyecto con el Ministerio de Vivienda de diez casas para una cooperativa en Solymar. Por otra parte, en la Facultad de Arquitectura ya se dictan cursos sobre el uso de materiales naturales, algo impensable hace diez años. Después de todo, parafraseando al libro del Génesis, del barro venimos. n |
|
Copyright © Revista Paula diario El Pais. Todos los derechos reservados Optimizado para una resolución de monitor de 800X600 |