Mano a mano en Laguna del Sauce
Demócratas temblad: el retorno de Carlos Perciavalle a las tablas capitalinas amenaza con reinstalar la monarquía absoluta en Montevideo. Antes de desembarcar en La Muy Fiel, el Rey del Café Concert abre las puertas de su feudo puntaesteño y sorprende con su ideario a más de un súbdito.

No hay quien pueda con la gente del espectáculo, experta en el arte de hacerse esperar. Con toda la amabilidad del mundo, tres asistentes vienen sucesivamente al encuentro de Paula para advertir que "Carlitos está casi listo" y sólo demorará unos minutos más. Mejor así, porque el retraso ajeno permite echar sin culpas un vistazo al living y sacar de duda a más de un curioso: la casa de Perciavalle no tiene nada que ver con su look personal, y está a años luz de cualquier alarde barroco digno de Versace.

Sillones tapizados en lona cruda, muebles de madera y ratán, paredes de ladrillo visto a la cal sobre las que descansan grandes cuadros de paleta alta, mesas bajas en las que reposan decenas de revistas Architectural Digest, adornos de muy buen gusto aquí y allá, y unas originalísimas ventanas bajas (idea del arquitecto Rafael Muñoz del Campo) que filtran luz y paisaje a la altura de los sillones. Elegancia puntaesteña, para decirlo en dos palabras que pasaron de moda.

Simpático y dispuesto como de costumbre, Carlos Perciavalle hace por fin su entrada triunfal maquillado y emperifollado para la ocasión. "La gente está tan acostumbrada a verme así, que si salgo en una foto vestido como vos piensan que estoy deprimido o pobre".

Como cualquiera que lo haya escuchado derrochar palabras sobre el escenario puede adivinar, no fue nada fácil detener su verborragia. Entregado a larguísimos monólogos en los que opinó sobre los políticos uruguayos, Menem, Fidel, la inestabilidad de De la Rúa, el destino del Frente Amplio, la inteligencia de los delfines, el futuro de Punta del Este, y otros asuntos nada menores, interrumpirlo para clavar una pregunta fue una pequeña odisea.

Sus polémicas afirmaciones sobre política y economía llegarían avanzada la tarde, a lo largo de una entrevista que se inició frente al grabador y se prolongó con caminatas por el jardín, un té como los de antes, y la recorrida por las varias estancias de una casa cuyo amable anfitrión no exagera un ápice al definir como paraíso.
Ante la inminencia de un estreno, la buena educación y el sentido común obligaban a empezar preguntándole qué se dispone a ofrecer en Montevideo.

-Voy a montar en el Teatro Stella un espectáculo que este verano tuvo la crítica más maravillosa del mundo de parte de Jorge Arias, que parece que es el crítico más temido del Uruguay. Esa crítica no me la hubiera hecho ni mi mamá, que jamás fue muy fanática mía. Cuando empezamos a actuar, mi mamá le decía a Antonio Gasalla que era un gran artista y a Nacha Guevara que era una gran cantante de protesta. A mí sólo me decía: "sonreí siempre, porque cuando sonreís quedás divino". Pero Arias, a quién parece que nada le viene bien, escribió una crítica brutal sobre el espectáculo. Hago un monólogo de apertura sobre mi formación como actor, la felicidad y el valor de la risa; interpreto a Camila Parker Bowles, en un monólogo que es un poco la reivindicación de la otra, el amante o el tercero; hago a Neptuno, el dios del mar, que canta a coro con el público; interpreto a una viuda alegre; hay un homenaje a Gumita Zorrilla, que me hizo dos mil novecientos sesenta y seis trajes a lo largo de mi carrera; y finjo una conversación telefónica con el ex alcalde de New York, Rudolph Giuliani, para que me aconseje cómo poner al día a Montevideo y dejarla más fashion, más glamorosa.

-Ya que lo menciona, empecemos por allí. ¿Cómo ve Montevideo?

-La 18 de Julio parece casi techada de kioscos. Los vendedores ambulantes siguen instalados ahí. Toda aquella parte que parecía Londres o París no existe más. Vas al Oro del Rhin a tomar el té, mirás a tu alrededor y parece La Habana hoy: está todo destruido, todo se viene abajo. La gente se fue a Pocitos, a Punta Carretas, a la Costa de Oro. El Centro quedó vacío y destruido. Pero no hablemos de las cosas que están mal, porque no está en nuestras manos arreglarlas.
-Justo en este momento, en que mucho se habla de Punta del Este como lugar para vivir todo el año, usted prepara las valijas para desembarcar en Montevideo.

¿Acaso se aburrió de su paraíso puntaesteño?
-¡Ni pienso aburrirme de Punta del Este! Vivo en este paraíso, en contacto con la Naturaleza, hace treinta años. Cada vez que viene un extranjero de visita queda con la boca abierta. ¡Cómo me voy a aburrir! Hace un tiempo, cuando el gobierno andaba medio mal económicamente y quería ahorrar, Sanguinetti me pidió el quincho y el jardín para hacer una paella e invitar a todos los embajadores acreditados en el país a que comieran y vieran el atardecer. Se murieron los suizos, los costarricenses, los austríacos... Este lugar no existe. Sigue incambiado, a excepción de los árboles, que no paran de crecer...

-Y de los vecinos. Como dice China Zorrilla, cuando usted llegó aquí eran todos parientes o conocidos. Después se transformó en Sunset Bulevar: todos los vecinos eran ricos y famosos...

-Esos se han ido yendo. Gasalla, por ejemplo, tuvo que vender su casa. Además, una de las cosas maravillosas de vivir aquí, es que uno no ve ni a los vecinos.

-¿Nunca les molestó que el éxito de sus espectáculos llenara la ruta 12 de automóviles y pusiera en peligro la tranquilidad del lugar?

-¡Jamás! Puede ser que a este pintor de acá al lado que no quiero nombrar (nota de redacción: se refiere al artista argentino Nicolás García Uriburu), le haya molestado un poco, pero a los demás, jamás. Tuvimos siempre su apoyo, porque los espectáculos que hicimos al atardecer permitieron que miles de personas conocieran el lugar y la zona se valorizara muchísimo.Desde entonces, no queda un campo libre alrededor de la laguna.

-¿Qué le gusta y qué le disgusta de los cambios que ha experimentado Punta del Este en los últimos años?

-Yo crecí en Punta del Este. Viví desde muy chico en un chalet de la Parada 8 que se llamaba Tacuarita. En mi infancia, Gorlero era la única calle asfaltada. Todo lo demás era pedregullo. Yo iba corriendo entre bosques y médanos desde casa hasta el Country. En la Punta sólo estaban el hotel La Cigale, el Casino Miguez y el cine Ocean. Hoy hay muchos edificios que obviamente yo no hubiera hecho, pero creo que Punta del Este es casi imposible de estropear. Era más linda con casas bajas, pero sigue teniendo su encanto. También ha cambiado la gente...

-Justamente, usted que fue protagonista de la Punta del Este de los años '60, con una movida nocturna casi mítica, ¿qué extraña de aquella época y de aquella gente?


-No extraño nada. Fue una época divina pero forma parte del pasado, está muerta. Yo vivo del presente. Ahora hay cosas divinas que en aquella época no había, como los espectáculos que hacemos acá al atardecer, o las discotecas y los boliches de La Barra y José Ignacio, que cuando yo era chico ni existía. En La Barra sólo vivían las mucamas. Hoy, para bien o para mal, ahí se amontona la gente más paqueta de Argentina y Uruguay. Al lado de la casa de mi amiga Tita Tamames, viven el dueño de la editorial Atlántida, Zulema Gurmedi, Mariano Grondona, ¡todos! Y frente a ellos, hay un mar incontaminado. Yo me siento a mirarlo, y siento lo mismo que hace treinta años. Las dimensiones de este lugar son tan grandes, hay tanto para disfrutar, que nada puede arruinarlo. Yo le puedo decir lo que haría con Punta del Este...

-¿Qué haría?

-La convertiría en ciudad universitaria. Haría la universidad privada más segura, más tranquila, más linda de toda América Latina. Una universidad paga para chilenos, argentinos, peruanos, paraguayos y uruguayos. Esa cantidad de edificios y departamentos tan al pedo, vacíos once meses al año, podrían estar ocupados por estudiantes de todo el mundo. De paso, eso ayudaría a los propietarios a pagar los gastos comunes y no dejar sin televisión por cable o sin calefacción a los dos pobres desgraciados que se quedan en el edificio todo el invierno y les cortan todos los servicios porque los dueños no pagan los gastos hasta el verano siguiente. Punta del Este es el lugar más seguro del mundo, y hay que aprovecharlo mejor.


Viva la monarquÍa

-Ya que está en tren constructivo, dando ideas a las autoridades sobre lo que deberían hacer, se me ocurre preguntarle esto: a diferencia de otros colegas de su generación, que maduró en una época muy combativa, usted nunca fue un artista muy politizado, y hasta bromea permanentemente con su amor por la monarquía.
¿En qué cree Carlos Perciavalle?

-Yo siempre fui monárquico, y no hay nada de broma en esa afirmación. Siempre entendí que una colmena funciona bien mientras tenga una abeja reina. Todas las obreras trabajan en orden y se organizan perfectamente hasta que muere la abeja reina y se arma tremendo quilombo. Después eligen una nueva reina y todo se arregla. El único animal inferior es el hombre. La política está hecha para dividir, y yo no creo en las divisiones. Hay un cuento maravilloso que hace Osho, este meditador hindú fantástico al que yo sigo a pie juntillas. A un meditador artista que estaba frente a una pared durante años, vestido con su ropa naranja de lana, viene un día el emperador y le regala una fabulosa tijera. El meditador le dice: "no señor, muchas gracias. Las tijeras sirven para cortar, y mi trabajo es el de los artistas. Nosotros unimos los retazos de las telas que ustedes cortan. Si quiere hacerme un regalo, prefiero un hilo y una aguja". Yo siento que tengo una aguja en las manos. Puedo ser amigo personal de Jorge Batlle, compañero de Preparatorios del Cuqui Lacalle en el Liceo Francés, o amigo de Emma Massera, la hija del famoso comunista, pero no me interesan los políticos ni la política...

-Pero aceptará que no todos los artistas, por generosa que sea su misión, son tan descreídos. ¿A usted no le interesa la democracia? ¿No le interesa votar?

-Nunca he votado ni votaré en mi vida. Para mí, los gobiernos son meros administradores de consorcio. A mí me interesa mucho más el que vive en el departamento, no el administrador del consorcio, que tiene que limitarse a que funcione todo bien. Yo quiero un Estado chiquito y anónimo. Cuanto más chiquito y más anónimo, mejor. Competir en la tapa de las revistas con ministros y senadores, me parece una aberración.

-¿Nunca lo pelearon sus colegas por estos puntos de vista? ¿Nunca se peleó con Gasalla o con Nacha por estos asuntos?

-Jamás. Gasalla piensa exactamente igual, y con Nacha hemos hecho muchas temporadas juntos y nunca hablamos de esos temas. Los artistas no hablamos de política...

-¿Y con China Zorrilla, que es tan demócrata?

-No, China es frenteamplista, directamente. Ahora se ha hecho del Frente Amplio. Me parece maravilloso. Que cada uno haga lo que quiera. Yo busco los puntos de unión, no los de disidencia. Además, si todo el mundo pensara igual, sería un opio. Yo creo en las profecías de Nostradamus: en el 2012 habrá un cambio total y se va a salvar solamente el diez por ciento de la población del mundo. Es la única manera de mantener la vida en la Tierra. Ya hemos vaciado los mares y estamos acabando con todo. El hombre blanco ya hizo lo mismo en Marte, donde liquidó la atmósfera. Después se vino a la Tierra, de la que son originales el hombre negro y los indios, y trajo la guerra. Por eso para griegos y romanos el dios de la guerra es Marte. Los negros vivían armónicamente con la Naturaleza y los indios se curaban las enfermedades con yuyitos. Nosotros los consideramos unos ignorantes y los matamos a todos. El hombre blanco es inferior. Los delfines son trescientas veces más inteligentes que nosotros: hacen reír a los niños autistas y hacen el amor por diversión, no para reproducirse. Esas son las cosas que me interesan en la vida, no la política. La gente está aburrida, harta de oír hablar de política, crisis y economía.


Políticos bajo la lupa

-Bueno, pero insistamos un momento más en esos temas. ¿Qué le parece el fenómeno de los políticos como carne de cañón de cómicos y otros artistas en la prensa, el teatro y la televisión?


-Lo menos que pueden hacer los cómicos es usar a los políticos para hacer reír a la gente. Pero creer que Marcelo Tinelli pudo haber tenido que ver con la desestabilización de un gobierno presidido por un ser como Fernando de la Rúa, que ya de por sí es inestable, es un disparate. Alfonsín y su famosa Coordinadora siempre fueron inestables. Yo sufrí la hiperinflación del 88, cuando Alfonsín no sabía qué hacer con el gobierno y apareció Menem, a quien a pesar de ser político yo quiero muchísimo. Medio en broma pero muy en serio yo siempre digo que Menem no es un político sino el mejor actor cómico de la Argentina. Menem es un meditador: mirá cómo se comportó cuando murió su hijo. Menem sabe, como buen meditador, que todo lo que te sucede en la vida debe ser celebrado. Siempre está de buen humor, siempre está contento. Y si el consorcio está administrado por alguien que siempre sonríe, todo irá mejor que si lo administra alguien que siempre está con cara de culo. Volviendo a tu pregunta, los políticos nunca saben a quién echarle las culpas, pero la única culpa es su más absoluta y total incapacidad. Y no quiero mencionar a cierta gente que ahora está en el gobierno y me estafó cuando yo hacía televisión en la época de Alfonsín. Pero hay más: el Ejército Revolucionario del Pueblo vuelve a funcionar. ¿Vos viste lo gordos que están los piqueteros?

¿Esa es gente muerta de hambre o están gordos de comerse tantas eses? Yo he visto gente muerta de hambre en Camboya, Sudáfrica, Etiopía y Mozambique. Tienen la piel pegada a los huesos. No son como los piqueteros argentinos.
-Hablemos un poco de Uruguay. ¿Le parece que su clase dirigente es más respetable que la argentina?

¿Le parece un país para tomarse más en serio?

-Sí, es un país para tomarse más en serio. Es gente más educada, con más formación. Este es un país energéticamente muy especial. ¿Por qué de este lado del río Uruguay hay tanta agua termal y del otro lado no? Como ha dado agua termal, este país también ha dado mucho artista. Yo siempre digo que los grandes argentinos son uruguayos. Empezando por Gardel, siguiendo por China, Víctor Hugo Morales, Natalia Oreiro y terminando por mí. Yo adoro el Uruguay. Me conmueve geográficamente, me gustan sus cuatro estaciones, me gusta la libertad de la que gozado desde que nací. Y aunque yo no comulgue con sus ideas, hasta me gusta que tenga un militar como Líber Seregni. Mirá: exagerando un poco para fijar ideas, yo creo que los del Frente tendrían que irse un tiempo a vivir a Cuba para ver qué tal es ese mundo que tanto les gusta. Ya no hay alternativas. Metafóricamente, o nos convertimos en una provincia norteamericana o en una cubana. Yo prefiero ser una provincia norteamericana. Aunque jamás pisé ni pisaré Cuba mientras esté Fidel Castro, sé cómo se vive allí. Yo fui amigo de Reinaldo Arenas, cuyo libro Antes que anochezca habría que leer obligatoriamente. En Cuba no hay flores porque les parece un delito burgués. Pero no hay que hacerle el vacío a los cubanos, que son los seres más adorables del mundo. Cuando yo hice la última temporada en Buenos Aires con Antonio Gasalla, viví en el mismo hotel en el que paraba el personal de la aerolínea cubana. Me hice muy amigo de los pilotos y las azafatas, y un día vi que se iban llenos de cajas. De una de ellas salía mucha sangre. ¿Sabés lo que se llevaban? Pollos. En Cuba les dan un kilo de arroz por mes, mientras Fidel se hace traer la comida en avión desde Maxim´s. El pueblo entero está sufriendo, como sufrieron los españoles mientras vivió Franco. Pero cuando murió Franco volvió la democracia y volvió la monarquía. Volvió el orden. Hay un administrador de consorcio que es el primer ministro, pero todo el mundo está de acuerdo en algo: aunque sea un pelotudo, el rey es fulano de tal. Cuando hay algo que no se discute, uno puede discutir cualquier otra cosa con los demás, pero siempre te vas a llevar bien, porque algo te une a ellos. La BBC es una de las pocas cadenas televisivas que dice más o menos la verdad. ¿Por qué será? ¿Porque se trata de una monarquía, tal vez? Yo nunca he visto más respeto al ser humano y más orden en el tráfico que en Inglaterra.

-Volvamos por un momento a Uruguay. ¿Le parece que ésta es una crisis más de tantas o que estamos tocando fondo? ¿Cómo ve anímicamente a los uruguayos?

-Los uruguayos somos una mezcla buenísima entre los argentinos y los brasileños. Por algo los ingleses inventaron este Estado-tapón. Por un lado tenemos la personalidad quejosa que nos viene de Argentina, donde toda la vida me han dicho: "que importante hacer reír en un momento como éste". Y por otro lado tenemos parte de la personalidad del brasileño, que le va como el culo, no tiene un mango, pero se pasa bailando chiqui-chiqui-chiqui-chiqui. Pero yo no quiero hablar de las cosas que hablan los diarios. En Uruguay todavía tenemos cierto orden porque la prensa es el cuarto poder y no el primero, como en Argentina, donde manda más un diario o un canal de televisión que el gobierno. Acá no. Acá sabemos que al Poder Judicial no lo elige el presidente de la República. Los argentinos no saben nada, no saben ni que existe la división de poderes. Publican lo que se les canta. Una vez le di una nota a una periodista que no sabía quién era Hitler. Yo adoro a María Elena Walsh, que se animó a decir que Argentina es un jardín de infantes y el país del no me acuerdo. También se animó a decir que prefería la corrupción a la ineficacia. Y le costó muy caro.


Las razones de la crisis

-¿Te hago otro cuento de Osho?
-Adelante...
-Hay un mendigo con su cuenco en la mano, y aparece el emperador de muy buen humor: "te voy a llenar el cuenco de piedras preciosas y brillantes así no tenés que mendigar nunca más". "Yo le agradezco mucho" -responde el mendigo- "pero piense muy bien en lo que va a hacer". "Traigan todas las piedras preciosas", insiste el emperador, que se encuentra con la negativa del mendigo una y otra vez. A riesgo de ser asesinado, el mendigo no tiene más remedio que aceptar la propuesta del emperador, que empieza a llenar el cuenco de piedras preciosas. Para su sorpresa, una vez en el cuenco las piedras desaparecen automáticamente, y lo mismo sucede con los brillantes, los lingotes de oro, y todo lo que pone allí dentro. Cuando llega la noche, donde había un emperador y un mendigo, ya hay dos mendigos. Humildemente, el ex emperador implora al mendigo por el secreto del cuenco. "Este cuenco" -responde con sabiduría el mendigo-"está hecho con un cráneo humano. Así funciona la cabeza del hombre: todo lo devora, y cuanto más le das, más quiere". Esa parábola maravillosa habla a las claras de lo que le está pasando al hombre occidental. Siempre queremos más: poder, fama, guita. Nos hemos olvidado de mirar para adentro. Occidente se está aburriendo, y necesita de la sabiduría oriental. Mirá los hindúes: se mueren de hambre y no matan una vaca. Sin embargo, no podés creer la cara de felicidad de esa gente. La economía uruguaya y argentina se basa en la matanza de animales. No hay nada más tremendo que ver matar un ternero, que muere cargado de adrenalina. Nosotros comemos esa carne. Todo lo que le pase a Argentina y a Uruguay es poco cuando se piensa que su economía está basada en la matanza sistemática de vacas, árboles y de tanta otra vida.

-Ya que hablamos de economía, ¿cómo es su relación con el dinero?


-Maravillosa. En el horóscopo chino yo soy serpiente, como Jackie Kennedy, como Aristóteles Onassis. Jamás tuve problemas con el dinero. Si esta noche tengo para cenar, tomar un café y dormir abrigado, ya me considero millonario. Nunca tuve problemas con la plata.

-¿Y cuándo no la tenía?

-La ganaba. Yo di clases de matemáticas desde los catorce años. Cuando tuve un fracaso espantoso en Argentina me fui a trabajar a Venezuela, donde nadie me conocía. Yo siempre he sido rico: siempre tuve para comer.

-¿Y cuáles son los placeres a que se entrega cuando nada en la abundancia?


-Producir espectáculos divinos, viajar en primera clase, invitar a seis amigos a New York y quedarnos en el mejor hotel, o ayudar a Giovanna, que es mi asistenta y vestidora, con la entrega inicial para que se comprara un auto y dejara de andar en moto de noche con esa bronquitis brutal que tiene. Esas son las cosas que me gustan. Jamás se me ocurriría hacer inversiones, jugar en la bolsa, prestar plata a interés o ninguna de esas cosas. Por esta casa me han ofrecido muchísimo dinero, y yo jamás la vendería. Este es mi lugar y acá vivimos todos nosotros. Cada peso con que se compró esta casa está ganado haciendo reír a la gente. Cuando la compré, me faltaban tres mil dólares para la entrega. ¿Sabés quién me los prestó? Niní Marshall. Por eso digo que este lugar está cargado de carcajadas. Yo nunca he hecho otra cosa que hacer reír.


Sexo, droga y reencarnación

-¿Qué tanto cambió su vida el accidente automovilístico del que fue víctima hace unos diez años?

-Antes del accidente, que fue un mensaje de los muchachos de arriba y me cambió totalmente la vida, yo tomaba mucha droga. No me da ninguna vergüenza decirlo, porque era algo absolutamente personal. Hoy no tomo más que agua mineral sin gas.

-¿Y no se arrepiente de ninguna otra cosa?


-De nada. El pasado está muerto. La vida es totalmente irrepetible. No sé que me pasará en la próxima reencarnación, pero no puedo quejarme de la vida que tuve.

-Usted fue joven en la época del sexo libre, en un tiempo en el que no existía la amenaza del sida. ¿Cómo vivió esos años?

-Sexualmente, con total libertad y alegría. Celebraba poseer un sexo y usarlo. Me divertí muchísimo. Y me sigo divirtiendo.

-Hablando de divertirse, ¿usted se identifica con el sentido literal de la palabra gay, que en el idioma inglés significa justamente ser alegre, ufano, ligero de cascos?

-Sí, soy muy alegre. Soy la persona más alegre del mundo. Vivo en estado de celebración.

-¿Y fue igualmente alegre en la adolescencia y la primera juventud, cuando independientemente de su opción sexual todo el mundo experimenta ciertos temores?

-Jamás tuve rollo alguno con mi sexualidad, ni recurrí al sicoanálisis, ni nada de eso. Debo decir que me ayudaron mucho mis padres. Yo tuve un padre maravilloso, un violinista que desde chicos nos enseñó a mis hermanos y a mí que la única obligación de la vida era ser felices.

-¿Y su madre?

-Ella es abogada. También es una persona muy inteligente. Siempre nos dijo que nosotros éramos sus hijos pero que tuviéramos muy claro que ella quería primero a mi padre y después a nosotros. Eso fue maravilloso, porque me ahorró todo complejo de Edipo.

-Los artistas, y en especial los cómicos, tienen fama de melancólicos y solitarios. ¿Es usted una persona solitaria?

-¡Para nada! Yo vivo en pareja hace treinta años, y estoy rodeado de varias familias. Tengo un casero, Enrique Da Silva, al que adoro y es mi mano derecha. Tengo a la divina de Giovanna, que está casada con un hijo de Enrique; hay otro de sus hijos que vive más arriba, y además vienen mis amigos a verme todo el tiempo. Pero si tengo que estar solo, adoro la soledad. No le tengo miedo.

-¿Y a la muerte?

-Nunca le tuve miedo a nada: ni a la muerte, ni a la vida. Miedo es una palabra que yo desconozco.

-Entonces cuénteme cómo se imagina de viejito.

-No me imagino. No sé.
No me gusta imaginarme, porque si imagino, me proyecto y me condiciono. Además, creo que ya soy viejito. Y estoy feliz, y divino.

Dicho esto, y mientras el sol se pone a sus espaldas, Carlitos Perciavalle deja a un lado la tostada que acaba de untar delicadamente con queso y mermelada, y saca algo de un portafolios negro que él insiste en llamar cartera. Es el Juego de las Transformaciones de Osho, ritual al que se entrega cada mañana después de nadar un rato en la laguna. El juego consiste en extraer al azar una carta y leer el texto que le corresponde en un libro alimentado de parábolas. La mañana de la entrevista, le ha tocado en suerte una carta que reza el viaje, y sobre ese asunto ha meditado a lo largo del día.

Ahora, sentado en la cabecera de una mesa muy british en la que ha ofrecido un generoso té al equipo de Paula, el Rey del Café Concert se calza los anteojos y lee: "el dolor, el sufrimiento y la miseria, has de tomarte sin seriedad, porque cuanto más en serio te los tomes, más difícil te resultará salir de ellos. Cuanto menos serio seas, puedes pasar por el sufrimiento y por la noche oscura cantando una canción. Y si uno puede pasar a través de la oscura noche cantando una canción, ¿para qué torturarse innecesariamente? Simplemente haz de todo el viaje, desde ahí hasta aquí, una hermosa cuestión de risa".


Copyright © Revista Paula diario El Pais. Todos los derechos reservados

Optimizado para una resolución de monitor de 800X600

<%certificaPath="/suplementos/paula/"%>