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No
hay quien pueda con la gente del espectáculo, experta en el arte
de hacerse esperar. Con toda la amabilidad del mundo, tres asistentes
vienen sucesivamente al encuentro de Paula para advertir que "Carlitos
está casi listo" y sólo demorará unos minutos
más. Mejor así, porque el retraso ajeno permite echar
sin culpas un vistazo al living y sacar de duda a más de un curioso:
la casa de Perciavalle no tiene nada que ver con su look personal, y
está a años luz de cualquier alarde barroco digno de Versace.
Sillones tapizados en lona cruda, muebles de madera y ratán,
paredes de ladrillo visto a la cal sobre las que descansan grandes cuadros
de paleta alta, mesas bajas en las que reposan decenas de revistas Architectural
Digest, adornos de muy buen gusto aquí y allá, y unas
originalísimas ventanas bajas (idea del arquitecto Rafael Muñoz
del Campo) que filtran luz y paisaje a la altura de los sillones. Elegancia
puntaesteña, para decirlo en dos palabras que pasaron de moda.
Simpático y dispuesto como de costumbre, Carlos Perciavalle hace
por fin su entrada triunfal maquillado y emperifollado para la ocasión.
"La gente está tan acostumbrada a verme así, que
si salgo en una foto vestido como vos piensan que estoy deprimido o
pobre".
Como cualquiera que lo haya escuchado derrochar palabras sobre el escenario
puede adivinar, no fue nada fácil detener su verborragia. Entregado
a larguísimos monólogos en los que opinó sobre
los políticos uruguayos, Menem, Fidel, la inestabilidad de De
la Rúa, el destino del Frente Amplio, la inteligencia de los
delfines, el futuro de Punta del Este, y otros asuntos nada menores,
interrumpirlo para clavar una pregunta fue una pequeña odisea.
Sus polémicas afirmaciones sobre política y economía
llegarían avanzada la tarde, a lo largo de una entrevista que
se inició frente al grabador y se prolongó con caminatas
por el jardín, un té como los de antes, y la recorrida
por las varias estancias de una casa cuyo amable anfitrión no
exagera un ápice al definir como paraíso.
Ante la inminencia de un estreno, la buena educación y el sentido
común obligaban a empezar preguntándole qué se
dispone a ofrecer en Montevideo.
-Voy a montar en el Teatro Stella un espectáculo que este verano
tuvo la crítica más maravillosa del mundo de parte de
Jorge Arias, que parece que es el crítico más temido del
Uruguay. Esa crítica no me la hubiera hecho ni mi mamá,
que jamás fue muy fanática mía. Cuando empezamos
a actuar, mi mamá le decía a Antonio Gasalla que era un
gran artista y a Nacha Guevara que era una gran cantante de protesta.
A mí sólo me decía: "sonreí siempre,
porque cuando sonreís quedás divino". Pero Arias,
a quién parece que nada le viene bien, escribió una crítica
brutal sobre el espectáculo. Hago un monólogo de apertura
sobre mi formación como actor, la felicidad y el valor de la
risa; interpreto a Camila Parker Bowles, en un monólogo que es
un poco la reivindicación de la otra, el amante o el tercero;
hago a Neptuno, el dios del mar, que canta a coro con el público;
interpreto a una viuda alegre; hay un homenaje a Gumita Zorrilla, que
me hizo dos mil novecientos sesenta y seis trajes a lo largo de mi carrera;
y finjo una conversación telefónica con el ex alcalde
de New York, Rudolph Giuliani, para que me aconseje cómo poner
al día a Montevideo y dejarla más fashion, más
glamorosa.
-Ya que lo menciona, empecemos por allí. ¿Cómo
ve Montevideo?
-La 18 de Julio parece casi techada de kioscos. Los vendedores ambulantes
siguen instalados ahí. Toda aquella parte que parecía
Londres o París no existe más. Vas al Oro del Rhin a tomar
el té, mirás a tu alrededor y parece La Habana hoy: está
todo destruido, todo se viene abajo. La gente se fue a Pocitos, a Punta
Carretas, a la Costa de Oro. El Centro quedó vacío y destruido.
Pero no hablemos de las cosas que están mal, porque no está
en nuestras manos arreglarlas.
-Justo en este momento, en que mucho se habla de Punta del Este como
lugar para vivir todo el año, usted prepara las valijas para
desembarcar en Montevideo.
¿Acaso se aburrió de su paraíso puntaesteño?
-¡Ni pienso aburrirme de Punta del Este! Vivo en este paraíso,
en contacto con la Naturaleza, hace treinta años. Cada vez que
viene un extranjero de visita queda con la boca abierta. ¡Cómo
me voy a aburrir! Hace un tiempo, cuando el gobierno andaba medio mal
económicamente y quería ahorrar, Sanguinetti me pidió
el quincho y el jardín para hacer una paella e invitar a todos
los embajadores acreditados en el país a que comieran y vieran
el atardecer. Se murieron los suizos, los costarricenses, los austríacos...
Este lugar no existe. Sigue incambiado, a excepción de los árboles,
que no paran de crecer...
-Y de los vecinos. Como dice China Zorrilla, cuando usted llegó
aquí eran todos parientes o conocidos. Después se transformó
en Sunset Bulevar: todos los vecinos eran ricos y famosos...
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-Esos
se han ido yendo. Gasalla, por ejemplo, tuvo que vender su casa.
Además, una de las cosas maravillosas de vivir aquí,
es que uno no ve ni a los vecinos.
-¿Nunca les molestó que el éxito de sus
espectáculos llenara la ruta 12 de automóviles y pusiera
en peligro la tranquilidad del lugar?
-¡Jamás! Puede ser que a este pintor de acá
al lado que no quiero nombrar (nota de redacción: se refiere
al artista argentino Nicolás García Uriburu), le haya
molestado un poco, pero a los demás, jamás. Tuvimos
siempre su apoyo, porque los espectáculos que hicimos al
atardecer permitieron que miles de personas conocieran el lugar
y la zona se valorizara muchísimo.Desde entonces, no queda
un campo libre alrededor de la laguna. |
-¿Qué
le gusta y qué le disgusta de los cambios que ha experimentado
Punta del Este en los últimos años?
-Yo crecí en Punta del Este. Viví desde muy chico en un
chalet de la Parada 8 que se llamaba Tacuarita. En mi infancia, Gorlero
era la única calle asfaltada. Todo lo demás era pedregullo.
Yo iba corriendo entre bosques y médanos desde casa hasta el
Country. En la Punta sólo estaban el hotel La Cigale, el Casino
Miguez y el cine Ocean. Hoy hay muchos edificios que obviamente yo no
hubiera hecho, pero creo que Punta del Este es casi imposible de estropear.
Era más linda con casas bajas, pero sigue teniendo su encanto.
También ha cambiado la gente...
-Justamente, usted que fue protagonista de la Punta del Este de los
años '60, con una movida nocturna casi mítica, ¿qué
extraña de aquella época y de aquella gente?
-No extraño nada. Fue una época divina pero forma parte
del pasado, está muerta. Yo vivo del presente. Ahora hay cosas
divinas que en aquella época no había, como los espectáculos
que hacemos acá al atardecer, o las discotecas y los boliches
de La Barra y José Ignacio, que cuando yo era chico ni existía.
En La Barra sólo vivían las mucamas. Hoy, para bien o
para mal, ahí se amontona la gente más paqueta de Argentina
y Uruguay. Al lado de la casa de mi amiga Tita Tamames, viven el dueño
de la editorial Atlántida, Zulema Gurmedi, Mariano Grondona,
¡todos! Y frente a ellos, hay un mar incontaminado. Yo me siento
a mirarlo, y siento lo mismo que hace treinta años. Las dimensiones
de este lugar son tan grandes, hay tanto para disfrutar, que nada puede
arruinarlo. Yo le puedo decir lo que haría con Punta del Este...
-¿Qué haría?
-La convertiría en ciudad universitaria. Haría la universidad
privada más segura, más tranquila, más linda de
toda América Latina. Una universidad paga para chilenos, argentinos,
peruanos, paraguayos y uruguayos. Esa cantidad de edificios y departamentos
tan al pedo, vacíos once meses al año, podrían
estar ocupados por estudiantes de todo el mundo. De paso, eso ayudaría
a los propietarios a pagar los gastos comunes y no dejar sin televisión
por cable o sin calefacción a los dos pobres desgraciados que
se quedan en el edificio todo el invierno y les cortan todos los servicios
porque los dueños no pagan los gastos hasta el verano siguiente.
Punta del Este es el lugar más seguro del mundo, y hay que aprovecharlo
mejor.
Viva
la monarquÍa
-Ya que está en tren constructivo, dando ideas a las autoridades
sobre lo que deberían hacer, se me ocurre preguntarle esto: a
diferencia de otros colegas de su generación, que maduró
en una época muy combativa, usted nunca fue un artista muy politizado,
y hasta bromea permanentemente con su amor por la monarquía.
¿En qué cree Carlos Perciavalle?
-Yo siempre fui monárquico, y no hay nada de broma en esa afirmación.
Siempre entendí que una colmena funciona bien mientras tenga
una abeja reina. Todas las obreras trabajan en orden y se organizan
perfectamente hasta que muere la abeja reina y se arma tremendo quilombo.
Después eligen una nueva reina y todo se arregla. El único
animal inferior es el hombre. La política está hecha para
dividir, y yo no creo en las divisiones. Hay un cuento maravilloso que
hace Osho, este meditador hindú fantástico al que yo sigo
a pie juntillas. A un meditador artista que estaba frente a una pared
durante años, vestido con su ropa naranja de lana, viene un día
el emperador y le regala una fabulosa tijera. El meditador le dice:
"no señor, muchas gracias. Las tijeras sirven para cortar,
y mi trabajo es el de los artistas. Nosotros unimos los retazos de las
telas que ustedes cortan. Si quiere hacerme un regalo, prefiero un hilo
y una aguja". Yo siento que tengo una aguja en las manos. Puedo
ser amigo personal de Jorge Batlle, compañero de Preparatorios
del Cuqui Lacalle en el Liceo Francés, o amigo de Emma Massera,
la hija del famoso comunista, pero no me interesan los políticos
ni la política...
-Pero aceptará que no todos los artistas, por generosa
que sea su misión, son tan descreídos. ¿A usted
no le interesa la democracia? ¿No le interesa votar?
-Nunca he votado ni votaré en mi vida. Para mí, los
gobiernos son meros administradores de consorcio. A mí me interesa
mucho más el que vive en el departamento, no el administrador
del consorcio, que tiene que limitarse a que funcione todo bien. Yo
quiero un Estado chiquito y anónimo. Cuanto más chiquito
y más anónimo, mejor. Competir en la tapa de las revistas
con ministros y senadores, me parece una aberración.
-¿Nunca lo pelearon sus colegas por estos puntos de vista?
¿Nunca se peleó con Gasalla o con Nacha por estos asuntos?
-Jamás. Gasalla piensa exactamente igual, y con Nacha hemos hecho
muchas temporadas juntos y nunca hablamos de esos temas. Los artistas
no hablamos de política...
-¿Y con China Zorrilla, que es tan demócrata?
-No, China es frenteamplista, directamente. Ahora se ha hecho del Frente
Amplio. Me parece maravilloso. Que cada uno haga lo que quiera. Yo busco
los puntos de unión, no los de disidencia. Además, si
todo el mundo pensara igual, sería un opio. Yo creo en las profecías
de Nostradamus: en el 2012 habrá un cambio total y se va a salvar
solamente el diez por ciento de la población del mundo. Es la
única manera de mantener la vida en la Tierra. Ya hemos vaciado
los mares y estamos acabando con todo. El hombre blanco ya hizo lo mismo
en Marte, donde liquidó la atmósfera. Después se
vino a la Tierra, de la que son originales el hombre negro y los indios,
y trajo la guerra. Por eso para griegos y romanos el dios de la guerra
es Marte. Los negros vivían armónicamente con la Naturaleza
y los indios se curaban las enfermedades con yuyitos. Nosotros los consideramos
unos ignorantes y los matamos a todos. El hombre blanco es inferior.
Los delfines son trescientas veces más inteligentes que nosotros:
hacen reír a los niños autistas y hacen el amor por diversión,
no para reproducirse. Esas son las cosas que me interesan en la vida,
no la política. La gente está aburrida, harta de oír
hablar de política, crisis y economía.
Políticos
bajo la lupa
-Bueno, pero insistamos un momento más en esos temas. ¿Qué
le parece el fenómeno de los políticos como carne de cañón
de cómicos y otros artistas en la prensa, el teatro y la televisión?
-Lo menos que pueden hacer los cómicos es usar a los políticos
para hacer reír a la gente. Pero creer que Marcelo Tinelli pudo
haber tenido que ver con la desestabilización de un gobierno
presidido por un ser como Fernando de la Rúa, que ya de por sí
es inestable, es un disparate. Alfonsín y su famosa Coordinadora
siempre fueron inestables. Yo sufrí la hiperinflación
del 88, cuando Alfonsín no sabía qué hacer con
el gobierno y apareció Menem, a quien a pesar de ser político
yo quiero muchísimo. Medio en broma pero muy en serio yo siempre
digo que Menem no es un político sino el mejor actor cómico
de la Argentina. Menem es un meditador: mirá cómo se comportó
cuando murió su hijo. Menem sabe, como buen meditador, que todo
lo que te sucede en la vida debe ser celebrado. Siempre está
de buen humor, siempre está contento. Y si el consorcio está
administrado por alguien que siempre sonríe, todo irá
mejor que si lo administra alguien que siempre está con cara
de culo. Volviendo a tu pregunta, los políticos nunca saben a
quién echarle las culpas, pero la única culpa es su más
absoluta y total incapacidad. Y no quiero mencionar a cierta gente que
ahora está en el gobierno y me estafó cuando yo hacía
televisión en la época de Alfonsín. Pero hay más:
el Ejército Revolucionario del Pueblo vuelve a funcionar. ¿Vos
viste lo gordos que están los piqueteros?
¿Esa
es gente muerta de hambre o están gordos de comerse tantas
eses? Yo he visto gente muerta de hambre en Camboya, Sudáfrica,
Etiopía y Mozambique. Tienen la piel pegada a los huesos.
No son como los piqueteros argentinos.
-Hablemos un poco de Uruguay. ¿Le parece que su clase dirigente
es más respetable que la argentina? |
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¿Le
parece un país para tomarse más en serio?
-Sí,
es un país para tomarse más en serio. Es gente más
educada, con más formación. Este es un país energéticamente
muy especial. ¿Por qué de este lado del río Uruguay
hay tanta agua termal y del otro lado no? Como ha dado agua termal,
este país también ha dado mucho artista. Yo siempre digo
que los grandes argentinos son uruguayos. Empezando por Gardel, siguiendo
por China, Víctor Hugo Morales, Natalia Oreiro y terminando por
mí. Yo adoro el Uruguay. Me conmueve geográficamente,
me gustan sus cuatro estaciones, me gusta la libertad de la que gozado
desde que nací. Y aunque yo no comulgue con sus ideas, hasta
me gusta que tenga un militar como Líber Seregni. Mirá:
exagerando un poco para fijar ideas, yo creo que los del Frente tendrían
que irse un tiempo a vivir a Cuba para ver qué tal es ese mundo
que tanto les gusta. Ya no hay alternativas. Metafóricamente,
o nos convertimos en una provincia norteamericana o en una cubana. Yo
prefiero ser una provincia norteamericana. Aunque jamás pisé
ni pisaré Cuba mientras esté Fidel Castro, sé cómo
se vive allí. Yo fui amigo de Reinaldo Arenas, cuyo libro Antes
que anochezca habría que leer obligatoriamente. En Cuba no hay
flores porque les parece un delito burgués. Pero no hay que hacerle
el vacío a los cubanos, que son los seres más adorables
del mundo. Cuando yo hice la última temporada en Buenos Aires
con Antonio Gasalla, viví en el mismo hotel en el que paraba
el personal de la aerolínea cubana. Me hice muy amigo de los
pilotos y las azafatas, y un día vi que se iban llenos de cajas.
De una de ellas salía mucha sangre. ¿Sabés lo que
se llevaban? Pollos. En Cuba les dan un kilo de arroz por mes, mientras
Fidel se hace traer la comida en avión desde Maxim´s. El
pueblo entero está sufriendo, como sufrieron los españoles
mientras vivió Franco. Pero cuando murió Franco volvió
la democracia y volvió la monarquía. Volvió el
orden. Hay un administrador de consorcio que es el primer ministro,
pero todo el mundo está de acuerdo en algo: aunque sea un pelotudo,
el rey es fulano de tal. Cuando hay algo que no se discute, uno puede
discutir cualquier otra cosa con los demás, pero siempre te vas
a llevar bien, porque algo te une a ellos. La BBC es una de las pocas
cadenas televisivas que dice más o menos la verdad. ¿Por
qué será? ¿Porque se trata de una monarquía,
tal vez? Yo nunca he visto más respeto al ser humano y más
orden en el tráfico que en Inglaterra.
-Volvamos
por un momento a Uruguay. ¿Le parece que ésta es una crisis
más de tantas o que estamos tocando fondo? ¿Cómo
ve anímicamente a los uruguayos?
-Los uruguayos somos una mezcla buenísima entre los argentinos
y los brasileños. Por algo los ingleses inventaron este Estado-tapón.
Por un lado tenemos la personalidad quejosa que nos viene de Argentina,
donde toda la vida me han dicho: "que importante hacer reír
en un momento como éste". Y por otro lado tenemos parte
de la personalidad del brasileño, que le va como el culo, no
tiene un mango, pero se pasa bailando chiqui-chiqui-chiqui-chiqui. Pero
yo no quiero hablar de las cosas que hablan los diarios. En Uruguay
todavía tenemos cierto orden porque la prensa es el cuarto poder
y no el primero, como en Argentina, donde manda más un diario
o un canal de televisión que el gobierno. Acá no. Acá
sabemos que al Poder Judicial no lo elige el presidente de la República.
Los argentinos no saben nada, no saben ni que existe la división
de poderes. Publican lo que se les canta. Una vez le di una nota a una
periodista que no sabía quién era Hitler. Yo adoro a María
Elena Walsh, que se animó a decir que Argentina es un jardín
de infantes y el país del no me acuerdo. También se animó
a decir que prefería la corrupción a la ineficacia. Y
le costó muy caro.
Las
razones de la crisis
-¿Te hago otro cuento de Osho?
-Adelante...
-Hay un mendigo con su cuenco en la mano, y aparece el emperador de
muy buen humor: "te voy a llenar el cuenco de piedras preciosas
y brillantes así no tenés que mendigar nunca más".
"Yo le agradezco mucho" -responde el mendigo- "pero piense
muy bien en lo que va a hacer". "Traigan todas las piedras
preciosas", insiste el emperador, que se encuentra con la negativa
del mendigo una y otra vez. A riesgo de ser asesinado, el mendigo no
tiene más remedio que aceptar la propuesta del emperador, que
empieza a llenar el cuenco de piedras preciosas. Para su sorpresa, una
vez en el cuenco las piedras desaparecen automáticamente, y lo
mismo sucede con los brillantes, los lingotes de oro, y todo lo que
pone allí dentro. Cuando llega la noche, donde había un
emperador y un mendigo, ya hay dos mendigos. Humildemente, el ex emperador
implora al mendigo por el secreto del cuenco. "Este cuenco"
-responde con sabiduría el mendigo-"está hecho con
un cráneo humano. Así funciona la cabeza del hombre: todo
lo devora, y cuanto más le das, más quiere". Esa
parábola maravillosa habla a las claras de lo que le está
pasando al hombre occidental. Siempre queremos más: poder, fama,
guita. Nos hemos olvidado de mirar para adentro. Occidente se está
aburriendo, y necesita de la sabiduría oriental. Mirá
los hindúes: se mueren de hambre y no matan una vaca. Sin embargo,
no podés creer la cara de felicidad de esa gente. La economía
uruguaya y argentina se basa en la matanza de animales. No hay nada
más tremendo que ver matar un ternero, que muere cargado de adrenalina.
Nosotros comemos esa carne. Todo lo que le pase a Argentina y a Uruguay
es poco cuando se piensa que su economía está basada en
la matanza sistemática de vacas, árboles y de tanta otra
vida.
-Ya que hablamos de economía, ¿cómo es su relación
con el dinero?
-Maravillosa. En el horóscopo chino yo soy serpiente, como Jackie
Kennedy, como Aristóteles Onassis. Jamás tuve problemas
con el dinero. Si esta noche tengo para cenar, tomar un café
y dormir abrigado, ya me considero millonario. Nunca tuve problemas
con la plata.
-¿Y cuándo no la tenía?
-La ganaba. Yo di clases de matemáticas desde los catorce años.
Cuando tuve un fracaso espantoso en Argentina me fui a trabajar a Venezuela,
donde nadie me conocía. Yo siempre he sido rico: siempre tuve
para comer.
-¿Y cuáles son los placeres a que se entrega cuando nada
en la abundancia?
-Producir espectáculos divinos, viajar en primera clase, invitar
a seis amigos a New York y quedarnos en el mejor hotel, o ayudar a Giovanna,
que es mi asistenta y vestidora, con la entrega inicial para que se
comprara un auto y dejara de andar en moto de noche con esa bronquitis
brutal que tiene. Esas son las cosas que me gustan. Jamás se
me ocurriría hacer inversiones, jugar en la bolsa, prestar plata
a interés o ninguna de esas cosas. Por esta casa me han ofrecido
muchísimo dinero, y yo jamás la vendería. Este
es mi lugar y acá vivimos todos nosotros. Cada peso con que se
compró esta casa está ganado haciendo reír a la
gente. Cuando la compré, me faltaban tres mil dólares
para la entrega. ¿Sabés quién me los prestó?
Niní Marshall. Por eso digo que este lugar está cargado
de carcajadas. Yo nunca he hecho otra cosa que hacer reír.
Sexo,
droga y reencarnación
-¿Qué tanto cambió su vida el accidente automovilístico
del que fue víctima hace unos diez años?
-Antes del accidente, que fue un mensaje de los muchachos de arriba
y me cambió totalmente la vida, yo tomaba mucha droga. No me
da ninguna vergüenza decirlo, porque era algo absolutamente personal.
Hoy no tomo más que agua mineral sin gas.
-¿Y no se arrepiente de ninguna otra cosa?
-De nada. El pasado está muerto. La vida es totalmente irrepetible.
No sé que me pasará en la próxima reencarnación,
pero no puedo quejarme de la vida que tuve.
-Usted fue joven en la época del sexo libre, en un tiempo
en el que no existía la amenaza del sida. ¿Cómo
vivió esos años?
-Sexualmente, con total libertad y alegría. Celebraba poseer
un sexo y usarlo. Me divertí muchísimo. Y me sigo divirtiendo.
-Hablando de divertirse, ¿usted se identifica con el sentido
literal de la palabra gay, que en el idioma inglés significa
justamente ser alegre, ufano, ligero de cascos?
-Sí, soy muy alegre. Soy la persona más alegre del mundo.
Vivo en estado de celebración.
-¿Y fue igualmente alegre en la adolescencia y la primera
juventud, cuando independientemente de su opción sexual todo
el mundo experimenta ciertos temores?
-Jamás tuve rollo alguno con mi sexualidad, ni recurrí
al sicoanálisis, ni nada de eso. Debo decir que me ayudaron mucho
mis padres. Yo tuve un padre maravilloso, un violinista que desde chicos
nos enseñó a mis hermanos y a mí que la única
obligación de la vida era ser felices.
-¿Y su madre?
-Ella es abogada. También es una persona muy inteligente. Siempre
nos dijo que nosotros éramos sus hijos pero que tuviéramos
muy claro que ella quería primero a mi padre y después
a nosotros. Eso fue maravilloso, porque me ahorró todo complejo
de Edipo.
-Los artistas, y en especial los cómicos, tienen fama de melancólicos
y solitarios. ¿Es usted una persona solitaria?
-¡Para nada! Yo vivo en pareja hace treinta años, y estoy
rodeado de varias familias. Tengo un casero, Enrique Da Silva, al que
adoro y es mi mano derecha. Tengo a la divina de Giovanna, que está
casada con un hijo de Enrique; hay otro de sus hijos que vive más
arriba, y además vienen mis amigos a verme todo el tiempo. Pero
si tengo que estar solo, adoro la soledad. No le tengo miedo.
-¿Y a la muerte?
-Nunca le tuve miedo a nada: ni a la muerte, ni a la vida. Miedo es
una palabra que yo desconozco.
-Entonces cuénteme cómo se imagina de viejito.
-No me imagino. No sé.
No me gusta imaginarme, porque si imagino, me proyecto y me condiciono.
Además, creo que ya soy viejito. Y estoy feliz, y divino.
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Dicho
esto, y mientras el sol se pone a sus espaldas, Carlitos Perciavalle
deja a un lado la tostada que acaba de untar delicadamente con queso
y mermelada, y saca algo de un portafolios negro que él insiste
en llamar cartera. Es el Juego de las Transformaciones de Osho,
ritual al que se entrega cada mañana después de nadar
un rato en la laguna. El juego consiste en extraer al azar una carta
y leer el texto que le corresponde en un libro alimentado de parábolas.
La mañana de la entrevista, le ha tocado en suerte una carta
que reza el viaje, y sobre ese asunto ha meditado a lo largo del
día. |
Ahora,
sentado en la cabecera de una mesa muy british en la que ha ofrecido
un generoso té al equipo de Paula, el Rey del Café Concert
se calza los anteojos y lee: "el dolor, el sufrimiento y la miseria,
has de tomarte sin seriedad, porque cuanto más en serio te los
tomes, más difícil te resultará salir de ellos.
Cuanto menos serio seas, puedes pasar por el sufrimiento y por la noche
oscura cantando una canción. Y si uno puede pasar a través
de la oscura noche cantando una canción, ¿para qué
torturarse innecesariamente? Simplemente haz de todo el viaje, desde
ahí hasta aquí, una hermosa cuestión de risa".
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